Este 11 de marzo se inicia un nuevo ciclo político en Chile, una renovación de rostros e identidades, un cambio de paradigma si se quiere decir así.
Si bien es cierto las expectativas son altas, la política real, concreta, esa que se hace a diario es desgastante, porque hay que saber escuchar a todos los grupos y tendencias políticas, pero sobre todo escuchar a la gente, al pueblo raso que permitió a Gabriel Boric prometer como Presidente de la República.
En su primer discurso dado en La Moneda, con una multitudinaria audiencia en la Plaza de la Constitución, el nuevo presidente entregó un reconocimiento a los pueblos originarios, llamó a la unidad, a escucharse unos con otros. Además, prometió no más violaciones a los derechos humanos y buscar la mayor participación posible de todos los chilenos y chilenas, como asimismo abrir las puertas del diálogo por la situación en La Araucanía y de migrantes en el norte del país.
Igualmente, hizo mención a las palabras de Allende en su último discurso, previo al bombardeo de La Moneda en 1973, y agregó “Vamos lento, porque vamos lejos”, aludiendo a cierto tinte reformista de su gestión.
En Aysén, entretanto y más temprano, el nuevo delegado presidencial, Rodrigo Araya, señaló que “en estas primeras semanas esperamos tener un diagnóstico claro de lo que ocurre en cada una de las reparticiones públicas para dar soluciones a las distintas problemáticas”, y agregó que “estamos felices de ser parte de este gobierno y entregar lo mejor de nosotros”.
También fue el día en que asumieron los nuevos consejeros y consejeras regionales, una amalgama de políticos con experiencia y otros que recién hacen sus primeras artes, como Paula Acuña, de Apruebo Dignidad.
Un día ajetreado en que lo importante es comenzar a cumplir las promesas y compromisos adquiridos con el pueblo de Chile, que confió en la alternativa de Apruebo Dignidad y su programa de gobierno los próximos cuatro años.








