Ana Jaña. Encargada Territorial Prevención Coyhaique. Sernameg.
Para comenzar a hablar de Violencia en la pareja resulta importante entender primero la violencia de género donde existen distintas categorías, de acuerdo a la relación que se puede dar entre la persona agresora y la víctima. En este abanico, podemos identificar la violencia contra las mujeres y las niñas, la violencia hacia las disidencias sexogenéricas, la violencia doméstica o intrafamiliar y la violencia en la pareja, donde existe un denominador común, todas son producto de las creencias patriarcales y sexistas.
Es así entonces que resulta relevante abordar “La Violencia en el pololeo”, ya que es durante las primeras relaciones de pareja cuando las normas de género se refuerzan en los diferentes contextos de socialización, como instituciones, medios de comunicación y grupos de pares. Incluso, llega a formarse la idea de que existen formas únicas de relacionarse en pareja. En ese sentido, la etapa de juventud es crucial en la construcción de las identidades de género, porque en ella confluyen factores fisiológicos y sociales que diferencian este momento de la niñez o la adultez. Encontramos una definición identitaria en el que cobra relevancia la presión cultural, institucional, familiar y de los pares para que el comportamiento siga el camino esperado, según el sexo asignado al nacer.
De ahí que surge la siguiente pregunta ¿Cómo se observa el sexismo en el pololeo? Para dar respuesta a esta interrogante tenemos como base un estudio denominado“Amores tempranos. Violencia en los pololeos en adolescentes y jóvenes en Chile”, el que se desarrolla el año 2019 por la Fundación Instituto de la Mujer. En este estudio se observó, entre otras cosas, dos expresiones del sexismo dentro de estas relaciones: el sexismo hostil y el sexismo benévolo. Pero ¿cómo puede existir un sexismo benévolo? Y es que este concepto es más difícil de reconocer, y lo podemos explicar como aquellas características que tradicionalmente han sido asociadas a las mujeres como algo natural y propio de la feminidad, y que se valoran positivamente. Un ejemplo de sexismo benévolo es pensar que nadie podría cuidar un hogar como lo hace una mujer.
Estas construcciones sociales y culturales de lo que significa o implica una relación de pareja puede derivar en situaciones de violencia, para lo cual sería importante que pudiéramos revisar las consecuencias de la violencia en el pololeo, a fin de estar alertas para poder prevenir que se instale como una normalización dentro de las relaciones. Es así entonces que dentro de las principales consecuencias encontramos: un bajo rendimiento académico; deserción escolar; insatisfacción con la relación en términos de afecto positivo, escucha y comprensión; trastornos alimenticios; baja autoestima; inseguridad; aislamiento; riesgo de revictimización en las relaciones de pareja adultas futuras; disminución del uso de métodos contraceptivos y, por lo tanto, más probabilidades de embarazo e infecciones de transmisión sexual; trastornos ansiosos, depresivos y síntomas de estrés postraumático; ideación suicida, y normalización de la propia experiencia de violencia.
Por otra parte y no menos importante, finalizar señalando que también existen estudios cualitativos que han aportado más detalles sobre la experiencia individual. En este aspecto, emergieron temas y vivencias como la angustia, la desconfianza, toma de precauciones adicionales, desconexión y distancia en las relaciones interpersonales, insatisfacción de la víctima consigo misma, negación de la experiencia de violencia, sensación de falta de apoyo de parte de la familia o la comunidad y disrupción grave de la propia vida, por lo que la invitación es a estar atentas y atentos a estas señales para poder acompañar y orientar de manera significativa.








