La participación ciudadana es una herramienta para la toma de decisiones en el Estado y un instrumento que por largos años ha sido postergado, mirado en menos y reducido sólo a casos puntuales y elecciones predefinidas. Tanto la Dictadura, como los gobiernos posteriores, no hicieron mucho para fortalecer el tejido social y más bien hicieron lo contrario. Se alentó el clientelismo con las organizaciones y el asistencialismo con las personas. De este modo mantuvieron el control ciudadano al punto que nuestros candidatos se acostumbraron a prometer vivienda y otros servicios, para los comités, pero no se hicieron cargo de los problemas estructurales del país, sino que se generó una visión cortoplacista, en que las autoridades van respondiendo de acuerdo a demandas precisas, pero donde el modelo de sociedad no se toca. Nuestras autoridades de todos los niveles desprestigiaron la política, prometiendo cosas que luego no cumplieron, o levantando discursos que más tarde resultaron ser mentirosos y engañosos para los mismos votantes.
Por eso una de las primeras cosas que deberían quedar estampadas en la Nueva Constitución es la posibilidad de que el mandato depositado en las autoridades elegidas pueda ser revocado, en caso que no cumplan con los ofrecimientos y el programa que debería ser exigible para todos ellos. Así evitaríamos que diputados se presenten con una idea y terminen votando en contra de esa fórmula en el Congreso, como ha pasado tanto en los últimos meses, sobre todo con nuestros diputados que avalan la violencia, la criminalización de la protesta social y que niegan los derechos humanos en las acciones, pero salen a levantar banderas que dicen lo contrario, con floreados discursos, donde parece más importante la verborrea, que el contenido. “Por sus frutos los conoceréis”, dice la Biblia, a propósito de Miguel Ángel Calisto y su reconocida religiosidad, que no evitaron blindar al Presidente Piñera, para salvarlo de la Acusación Constitucional y hacerlo responsable de las mutilaciones, detenciones ilegales, torturas, violencia sexual y física y lo más de 20 muertos en el marco de la protesta social. ¿Cómo se entiende tal nivel de condescendencia con quien le declaró la guerra a los chilenos? ¿Cómo se puede juzgar que el mismo Presidente Piñera pidiera la salida de Nicolás Maduro en Venezuela, por menos hechos que los que él mismo registra en el país? ¿Por qué el propio Calisto llamaba a derrocar a Maduro, pero hoy salva a Piñera, con hechos más terribles que los registrados en el país llanero?
Por eso es tan necesario que las autoridades electas estén diariamente bajo el juicio de la población, para evitar discursos contradictorios y convenientes, sin mirar a las personas, sino el provecho propio.
Por eso esta Consulta Ciudadana que están llevando a cabo los municipios, en algunos lugares en conjunto con la Mesa de Unidad Social, es una oportunidad que el pueblo no puede menoscabar, ni menos despreciar. Es un pequeño paso hacia un cambio mucho más profundo que debe llegar de la mano del pueblo, y no de quienes durante tanto tiempo han legislado en contra de los intereses de la población.
Mientras cerramos estas líneas desde nuestro celular en la escuela Pedro Quintana Mansilla, comienza el conteo de votos, con una gran participación de los jóvenes menores de 20 años y de la población en general, que sin mediar presupuesto alguno y desde la ciudadanía, han levantado este proceso inédito. Los resultados y lo que se genere a partir de hoy, nos hace pensar que ¡Otro Chile es posible!




