Tras casi ocho semanas terminó el paro nacional docente. Es hora de sacar algunas conclusiones. Fueron días de frenesí en el Ministerio de Educación, sin duda, a la reticencia inicial de la Ministra Marcela Cubillos, se sumó la buena convocatoria que tuvo la manifestación del Magisterio y, sobre todo, el apoyo que concitó en las redes sociales, pero fundamentalmente en la calle. En Coyhaique, hace tiempo no se veía tal nivel de convocatoria, tanto en las marchas, como en los cacerolazos, resabio de los días negros de la dictadura, cuando las mujeres, oprimidas por la fuerza del Gobierno de facto y obligadas por el hambre que tocó las puertas de los chilenos, se vieron forzadas a salir y protestar una y otra vez, durante años, hasta que con su esfuerzo y el de gran parte del país, se supo sacar al Dictador de La Moneda.
De los 11 puntos (algunos señalan que son 12) hasta ahora los logros son insatisfactorios, las medidas más importantes seguirán siendo materia de análisis y discusión, mesas de trabajo, la mayoría sin fechas, ni plazos. Cabe preguntarse si valió la pena tal nivel de esfuerzo para conseguir tan poco. Depende cómo se vea. Los gobiernos tienen que lidiar con múltiples grupos de presión e intentan dejar satisfechos a todos, una tarea titánica. A veces obtener pequeños triunfos pavimentan el camino a largo plazo. Nada es fácil, por eso lo peor que podemos hacer es considerar que las movilizaciones no son importantes o que poco valen, cuando al frente tienes a un Gobierno que no dialoga y que busca imponer su propia visión. Como sea, la Ministra Cubillos y el Gobierno salen debilitados ante la negativa de plantear soluciones a las demandas docentes.
De todas maneras, estas ocho semanas volvieron a instalar el tema de la educación pública, alentada por los profesores y por estudiantes que preparan artillería para el segundo semestre. El Gobierno, en voz de la Ministra Cubillos, señaló que quienes más pierden son los alumnos que pertenecen a la educación pública, pero cabe preguntarse cómo pueden hacer las comunidades educativas para cambiar su delicada situación si no es a través de medidas de este tipo. Desde la ideología, la Ministra Cubillos no cree en la educación pública, no al menos como lo entienden los profesores, sean quienes sean sus líderes, es una cuestión de convicción. Por eso, qué mejor manera de alimentar las deficiencias que dejando de invertir en los colegios públicos, para evidenciar sus falencias, obligar un paro eterno y luego sacar cuentas alegres con los miles de estudiantes que emigran a la educación particular y particular subvencionada. Menuda forma de ganar por todos lados. Y ante hechos consumados es siempre un comodín echarles la culpa a los profesores por este éxodo.
Los docentes vuelven a clases el lunes 29, lo harán con la frente en alto, mirando a los ojos a aquellos que prefieren mirar con el rabillo del ojo, observar cómo son los otros los que obtienen los frutos que más tarde son repartidos entre todos, por lo general ocultos tras el discurso de que nada se obtiene, de que alguien tiene que hacer el trabajo y otras convenientes falacias. Siempre restan, siempre aprovechan la lucha del otro que se moviliza, que pone la cara y que, muy comúnmente, enfrenta las consecuencias. “Si no vas a luchar al menos ten la decencia de callar ante quienes si lo hacen”, dijo José Martí, líder cubano hace más de cien años. “Como en toda democracia la mayoría manda, así que el lunes 29, cada colega vuelve a clases y tienen que hacer su plan de recuperación”, sostuvo Mario Sandoval, presidente del Colegio de Profesores Comunal Coyhaique, tras la maciza decisión del profesorado.
En todos los grupos humanos existe tensión y el Magisterio no es una excepción, por eso el gobierno trató de magnificar estas tensiones, desviando la atención de lo importante y urgente.
En Aysén nuestros profesores fueron dignos, enseñaron lecciones que sus alumnos no desaprenderán, les mostraron el camino del derecho, de la lucha social como motor de cambio de la historia, les dijeron sin decírselo, que una acción vale más que mil palabras o que la venta de humo desde una tarima o un micrófono.
Por cierto, no se ha dicho todo, seguirán las reuniones entre la directiva del Colegio de Profesores y el Gobierno, para avanzar en materias que los países desarrollados tienen resuelto hace años. ¿Podemos esperar dar otro paso más? La esperanza es lo último que se pierde, dependerá de la fortaleza y unidad que demuestren los profesores en las próximas semanas, aún hay tiempo de ir por algo más.




