Tuesday, 10 March, 2020
Por Claudia Torres Delgado, desde La Plata
Como una verdad indiscutible por siglos el rol que las mujeres debían cumplir ante las necesidades masculinas y su sitial de privilegio en todos los ámbitos de la vida parecía un film de nunca acabar. Un ejemplo simple y claro de lo considerado normal por ejemplo es que dentro de la quinta acepción de la palabra mujer en la Real Academia Española (RAE) se escribía lo siguiente: “dicho de una persona: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”. Fue el año 2018 cuando ante la interpelación que hicieron un grupo mujeres estudiantes de bachillerato en Tenerife, España, hizo frente a esta definición que la RAE respondió que su función como academia es “reflejar las expresiones en uso, conocidas y utilizadas por la sociedad y en textos”. Este hecho tan cotidiano refleja cómo se ha construido y sostenido lo que significa para las sociedades ser mujer y el tener que cumplir obligadamente con estos roles impuestos, situaciones que han sido motivo de grandes luchas en la época moderna como el derecho a la educación, la incorporación laboral, igualdad salarial, derecho a voto, a métodos anticonceptivos y dentro de las luchas más recientes, el derecho al aborto legal de manera segura y gratuita, que no es otra cosa que el poder decidir sobre nuestro primer territorio, el cuerpo.
Los roles ligados a ser reproductivas como función principal de la vida, su responsabilidad y la carga de por vida de las labores que este rol conlleva, embarazarse, por voluntad o por obligación, parir, amamantar, criar, educar y reproducir la norma patriarcal en los propios hijos es una cuestión no sólo considerada como lo normal y propio de las mujeres, sino que además son parte fundamental de reafirmar nuestra feminidad incluso que debe ser parte de nuestros objetivos de vida. Aquí hay un mundo de condiciones, estereotipos, obligaciones y desigualdades que se ejercen sobre la mujer que durante siglos ha estado considerada como el rol “natural" y que aquellas que en la historia de la humanidad buscaron discutir, desobedecer y replantear dichos roles, fueron perseguidas y duramente castigadas.
Un segundo discurso que se contrapone al anterior, proviene del reconocerse como seres distintas diversas y sujetas de derechos a ser tratadas, visibilizadas y con acceso a todos los espacios donde la mujer quiera participar y por la liberación e igualdad de estas frente a esta construcción histórica de poder y dominación patriarcal que nos define, nos obliga y nos violenta solo por ser mujeres. Esta lucha muestra algunos hitos importantes que han reforzado la idea de deconstruir lo establecido como verdad, como sentido común acerca de lo que significa la mujer en todas sus dimensiones. Es así como el hito que marcó justamente el nombre de este movimiento, el 8M que no es más que la sigla para el 8 de Marzo y que marcó un antes y un después de los últimos 100 de la historia y del rol de la mujer en la vida social, política y económica de las sociedades en el mundo. Este día pero de 1908 un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, terminó con la vida de 146 mujeres trabajadoras, quemadas vivas en castigo por haber iniciado una huelga frente a la negativa del dueño de la fábrica al que demandaban por la reducción de la jornada laboral a 10 horas y un salario igual al de los hombres que hacían las mismas actividades que ellas. Fue un año después de este hecho cuando en una conferencia de mujeres socialistas por moción de una de sus participantes se propuso que aquel fatal día sea proclamado como el día de la mujer en conmemoración a esas obreras. Pasaron más de 50 años para que recién Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designara oficialmente el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer.
Con este hecho el movimiento de mujeres comenzó a gestarse una identidad de lucha no solo en el ámbito sindical sino también en la igualdad de condiciones en todos los aspectos de la vida y en reconocer y visibilizar que la mujer sufre violencia en casi todos los planos, laboral, sexual, económico, social y cultural. La mujer comienza además a articularse para debatir y buscar la igualdad ante derechos sociales y políticos a los que solo tenía acceso el hombre, a pesar de que esos derechos se ejercían sobre las propias mujeres. La búsqueda de espacios en donde el hombre tenía asegurada la participación y la decisión comienza ser un territorio en disputa para las mujeres, que ven en ese acceso una forma concreta de alcanzar una autonomía sobre sus vidas. Su incorporación a la escuela, al poder educarse, fortaleció la idea que el espacio de la mujer no estaba circunscrito al hogar y la crianza, sino que también al trabajo intelectual, político y cultural. Una lucha importante fue la del sufragio femenino, que buscaba al menos tener injerencia en los espacios de toma de decisiones pues sin mujeres en ese territorio difícilmente se avanzaría en lograr sus demandas. Esta lucha que comenzó a fines del 1800 en países de Europa y norteamérica continuando a mediados del 1900 en América latina, significó también una dura lucha con hitos de marcada violencia y represión.
Actualmente las mujeres han cobrado mayor protagonismo en la lucha por la igualdad y acceso a derechos que ya no sólo van desde los territorios político, social y cultural en lo público sino también los que parten desde el primer territorio, el cuerpo. En este ámbito los derechos sexuales y reproductivos son tema de debate y constante deconstrucción pues el sentido común mayoritario de las sociedades en el mundo les cuesta sacar a la mujer de su rol de ser reproductivo y con una sexualidad controlada, reprimida, violentada y de uso para satisfacer al otro.
En Argentina el movimiento de mujeres no ha estado ausente y junto a otros de la región latinoamericana tuvo un resurgimiento desde el periodos de dictaduras en los años 70 y principio de los 80 tomando una nueva fuerza en la recuperación de la democracia y una radicalización de los movimientos feministas por derechos sexuales principalmente y la disputa por una construcción social política frente al capitalismo. Es así como en el movimiento feminista Argentino el año 2005 lanzó de modo público en el marco del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, iniciativa que desde entonces se ha presentado varias veces para ser abordado en el plano legislativo nacional, para la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y que recién el año 2018 este proyecto se puso de manera prioritaria en la discusión de ambas cámaras del Congreso, cuyo resultado fue media sanción por parte de los Diputados y finalmente rechazado en la cámara de Senadores.
Hoy las mujeres nos reconocemos en lo particular de nuestras vidas, lo colectivo de nuestros espacios sociales, culturales y laborales y en lo mundial de nuestras demandas es que poco a poco fue debilitando el consenso acerca de nuestro rol en las sociedades, comenzó entonces a tomar protagonismo la lucha organizada en demandas puntuales, como la identidad de género, el derecho a un aborto seguro y gratuito, a la atención médica justa y digna para mujeres pobres, migrantes, lesbianas, trans, el acceso a la educación y la participación en espacios de toma de decisiones. Se convirtió esta tarea en una gran tarea que nos conecta y nos une frente a Estados que nos consideraba de manera parcial, nos excluía por ser mujeres y nos abandonaba por ser pobres.
La desiguadad, la violencia, la muerte no nos detiene, nos activa y moviliza en un 8M de multitudinaria cofradía han dicho al mundo “Si las mujeres paran, se para el mundo”. ¿No es acaso una arenga frente al Estado?, creemos que indiscutiblemente lo es, en esa frase hay un mensaje de toma de conciencia de lo que somos y hasta dónde podemos llegar. El Estado por su parte ha tenido obligadamente que poner sobre la mesa la discusión que las mujeres queremos que se discutan y ha sido testigo que incluso, no esperamos a ser convocadas por sus instituciones para debatir y lograr influir en los espacios políticos, sociales y en la comunicación.
Marchar, gritar, ocupar espacios ha logrado resignificar el 8 de marzo, retomando su objetivo inicial que es la conmemoración de un hecho brutal contra mujeres trabajadoras en lucha, que dieron su vida por lograr condiciones dignas en su espacio laboral y que fueron ejemplo de lo que una mujer es capaz de hacer por otras. Recordemos que los estados capitalistas y en el caso del Estado argentino desde la dictadura, sin desconocer esa fecha, desmanteló el discurso original de la lucha proletaria femenina y prácticamente invisibilizó uno de los actos más extremos del patriarcado capitalista de los últimos 100 años. Fue así como comenzó un cambio en el lenguaje, pasamos de conmemorarse a “celebrarse” el día de mujer, romantizando la labor abnegada del rol que la hegemonía del patriarcado construyó, llenándonos de elogios, frases cliché, flores y chocolates por ese día, como una fiesta universal. El movimiento feminista y en especial el 8M tomó este hito y retomó su significado para llevarlo a la vanguardia, reconstruyendo la memoria, deconstruyendo lo que el Estado imponía con sus instituciones el valor que debía tener esta fecha.
La lucha feminista además se ha ido construyendo con sus propias tensiones y diversidades, las mujeres no son solo distintas como seres humanas, sino que provienen de espacios e historias distintas. El patriarcado ha sido transversal en la historia y en todos los contextos sociales y culturales de la mujer, la opresión de nuestro género es parte de las formas de dominación que los Estados, las iglesias y el poder político ha mantenido como estrategia para controlar la sublevación popular, pues son las mujeres la base más importante de una sociedad, en ellas se fijó la función y labor reproductiva, es decir hacer crecer la población y hacerse cargo de ella en sus primeros años, son las mujeres quienes mantenían los campos, los alimentos, animales, agricultura, la confección de vestuario, mientras los hombres eran los que pensaban al mundo, iban a las batallas y se organizaban para las revoluciones.
Mantener entonces a las mujeres relegadas a espacios de tareas secundarias, no menos importantes, era fundamental para la supremacía patriarcal. Sin embargo, si nos remitimos desde la edad moderna a la actualidad, las mujeres demostraron que su interés y capacidad no estaba suscrita solo a labores del tipo domésticas, las mujeres podían y querían formarse en ciencias, en las artes y en política. Fue ahí donde el patriarcado fijó aún más las fronteras de lo permitido para las mujeres y lo que no. Si las mujeres salían de los campos, quien se haría cargo de esas labores, si las mujeres accedían a estudiar, quién se haría cargo de criar, si las mujeres lograban participar en política, pronto podrían votar y más pronto podrían aún, podrían llegar a ocupar espacios de decisión. La mujer se volvió peligrosa, había que restringirla a los territorios a los cuales se las ha mantenido sumisas y desarticuladas. Sin embargo en sus territorios mujeres organizadas levantaron demandas desde esos espacios, la lucha indígena en la historia latinoamericana post colonización por ejemplo, donde ellas han sido bastión de resistencia hasta el día de hoy, liderando los movimientos socioambientales contra la dominación capitalista, el modelo extractivista que persiste en américa y en Argentina, ejemplo claro son los movimientos de mujeres de “No a la Mina” en Mendoza, Chubut y casi toda el territorio de la Patagonia. Con el modelo desarrollista quienes primero se afectan son las mujeres y su entorno, se afecta el agua, el suelo, aumenta los problemas de alimentación de ellas y sus familias. Si se instala una transnacional vemos como no solo las externalidades o costos ambientales afectan a las mujeres, también los impactos sociales, con el aumento de población obrera masculina, que supera en número a las mujeres en pequeños territorios, provoca aumento en la trata de mujeres para comercio sexual, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, violencia, etc.
Las experiencias en américa latina y en Argentina nos muestra la relación estrecha de las mujeres en defensa de sus territorios, estos son fuente de vida, alimento, trabajo, cultura y saberes populares, fundamental para el desarrollo pleno de las mujeres. Es por eso que cuando el movimiento 8M se articula como una gran movimiento de mujeres diversas, porque comprende que las luchas provienen de distintos territorios, buscan soberanía desde nuestro cuerpo como primer territorio hasta los territorios sociales que compartimos con las demás. Las mujeres que luchan por sus espacios son tremendamente solidarias y con sentido colectivo, pues muy bien saben que lo que puedan lograr hoy verá frutos mañana para sus hijas y para otras mujeres.
El ciberactvismo y las autoconvocatorias con las más variadas expresiones son quienes se organizan y articulan verdaderas mareas de mujeres las que además se ampliaron con la participación de niñas y abuelas y que a pesar de que aún nos queda un largo camino por recorrer y sabiendo que perderemos a muchas hermanas, nada nos detendrá, ellas serán el motor para seguir llevando el mensaje de una nueva era, donde nada debe ser sin nosotras, nunca más.
Autor: Claudia Torres
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