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*No vale la falsa moralina posterior al deceso de un hombre al que se le cerraron desde niño todas las puertas.
Al “Parlante”le cerramos la puerta mucho antes. Todos somos responsables de la muerte de Juan Carlos Aguilar, quien falleció a las puertas del Hogar de Cristo, en Coyhaique, la madrugada de este jueves.
Aunque la autopsia reveló un infarto, es dable pensar que las bajas temperaturas aceleraron su deceso o al menos lo gatillaron. Como sea, que un hombre muera en las puertas de una institución cuyo giro es entregar techo y cobijo es grave. Porque más allá de que no se le permitiera ingresar, esos funcionarios no fueron capaces de llamar a las instituciones de salud, tampoco estuvo Carabineros, ni los militares que se suponen recorren las calles de la ciudad durante el toque de queda. Todos fallaron, todos fallamos, desde mucho antes, desde que no fuimos capaces de entregarle una vida digna, de calidad, con salud a él y nuestros miles de “parlantes”.
La vida de “Parlante” nunca fue fácil, jamás tuvo una navidad o un cumpleaños, es la cara más dura de la pobreza extrema que se cruza con violencia intrafamiliar y alcoholismo.
Por eso falló no sólo el Hogar de Cristo y su negativa a abrirle la puerta, es que nosotros como sociedad nunca fuimos capaces de abrir puerta alguna. Lo fuimos arrinconando hasta que se convirtió en paria. Los golpes en el pecho posteriores no son más que muestras de hipocresía, aquellos que se levantan como jueces desde sus cómoda posición del que nunca hizo nada y que prefirió cada vez que pudo mirar hacia el lado.
Las instituciones están conformadas por personas, funcionarios que responden a lineamientos de otras personas y a la vez estas son parte de cada cultura, de sus leyes, normas y conductas sociológicas y políticas impulsadas por todos nosotros.
El Parlante era una persona en situación de calle hace muchos años, de los 49 que alcanzó a vivir, estuvo en Melimoyu una temporada y su vida siempre fue difícil, comía lo que podía y muchas veces pedía dinero en la calle, sufría terribles dolores en las piernas, várices que lo mantenían con mucho dolor, como nos contó su hermana Rosa. “Falleció en muy malas condiciones afuera del hospedaje del Hogar de Cristo, nadie hizo nada por él, ni Carabineros, ni los militares, ni la PDI, asi que no sé qué pasó habiendo toque de queda, como no lo fueron a levantar y lo llevaron a otro lado, eso me indigna. Algunas personas ponen cosas en las redes sociales, de que ahora apareció la hermana, pero resulta que yo también tengo mis problemas y él no entendía consejos de nadie”, señala Rosa Aguilar.
Rosa agregó que ahora busca al menos darle una cristiana sepultura a su pariente. “Quiero sepultar a mi hermano como debe ser, como un ser humano, porque en el Hogar de Cristo lo dejaron morir como un perro, nadie se preocupó de él”, dijo la también dirigente del Sindicato de la Construcción.
“Nadie le tendió la mano”
La versión que pudo recabar José Cayún, presidente del sindicato de la Construcción, señala que a “Parlante” se le negó la entrada por no cumplir cuarentena preventiva por coronavirus y que el propio director del hogar de Cristo habría llamado la noche anterior a su deceso a Carabineros y el SAMU, quienes no habrían hecho nada. Al llegar al día siguiente el director se percata que aun se mantiene con vida a las afueras del recinto “y llama al SAMU, que se demora en llegar y cuando llegan esta persona ya había fallecido, por eso creo que estamos ante un hecho criminal, porque se deja morir una persona a vista y paciencia de todos”, contó Cayún.
Nadie le tendió la mano y las instituciones tampoco hicieron lo que tenían que hacer, eso es parte de lo que sabemos, “esto duele a la familia y como sociedad, por ser persona humilde y pobre, por ser una persona de la calle enferma, no se le prestó ninguna ayuda, ni apoyo”, manifestó el también dirigente de la Central Unitaria de Trabajadores.
“Tenemos muchas gente en situación de calle en Coyhaique y todo sabemos que el Estado construyó un edificio grande en calle Simpson y se hizo para que la gente que no tiene hogar pudiera pernoctar allí y no en cualquier parte, pero lamentablente a esta persona la dirección del hogar de Cristo no lo dejó entrar, en este caso la responsabilidad es del director”, sentenció José Cayún.
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