Bajo el agua, pintar implica mucho más que elegir colores y dar forma a una imagen, también exige aprender a bucear, controlar la respiración y soportar el frío mientras se trabaja con un lienzo. Para Pablo Lema, artista visual de la región de Aysén, esta experiencia se ha convertido en una forma de explorar las posibilidades de la pintura desde un entorno poco habitual.
Artista visual, pintor, diseñador y profesor, Lema recuerda que su relación con las artes visuales comenzó durante la infancia, cuando recibió su primer reconocimiento a los ocho años en un concurso de pintura organizado en la empresa donde trabajaba su padre. Desde entonces, el respaldo de su familia y de sus profesores fue fundamental para continuar desarrollando una vocación que no siempre tuvo el mismo reconocimiento que otras disciplinas, especialmente en una época en que las artes solían considerarse un pasatiempo.
Un lienzo bajo el agua
La idea de pintar bajo el agua llegó a Pablo de la mano de un amigo buzo, César, quien tras ver un capítulo de Jacques Cousteau en el que un científico bajaba a pintar al Mediterráneo, quiso replicar la experiencia en Aysén, y buscó al artista que faltaba para realizarla. Lema aceptó el desafío y debió aprender a bucear, sin referentes claros, pues en este oficio no existen manuales ni escuelas, “empecé a observar algunas cosas técnicas, porque no hay una escuela de esto, esto es solo hasta ahora es ensayo y error”.
Sus primeras pruebas fueron en la bañadera de su casa, donde sumergió un bastidor con pintura de piscina para comprobar que el óleo no se disolvía en el agua. La primera inmersión real fue en el lago La Paloma, en 2023, y no resultó como esperaba, ya que entre el bastidor en una mano y el regulador en la otra solo trató de mantenerse a flote, aún conserva el cuadro de ese entonces, fue un fiasco, no hice nada, solo estuve tratando de sobrevivir, pensé que me ahogaba, que me moría”.
Hoy pinta entre los dos y los nueve metros de profundidad, donde llega la luz del sol, durante unos 45 minutos en promedio, y su principal adversario no es el aire sino el frío, que lo ha llevado a trabajar con el agua a seis grados en pleno invierno y a lidiar con un piquete en el traje que le llenó de agua fría a los 20 minutos de inmersión “mi desafío en el fondo tiene que ver con aguantar el frío. Porque donde no me estoy moviendo, el frío se siente antes”.
Sin manuales a los que recurrir, Lema fue descubriendo sobre la marcha cómo se comportaba su oficio en el fondo del agua, desde los colores que se distorsionan hasta las obras que salen más oscuras de lo que se veían abajo, y fue adaptando su técnica con espátula a esas condiciones, de modo que la pintura subacuática nació de la experimentación y aún se sigue puliendo, “la pintura subacuática tiene que ser un testimonio de lo que eso implica”.
Arte de provincia
Esa inquietud creativa no se entiende sin el territorio en que Lema vive y trabaja, nacido en Puerto Aysén, de joven soñaba con salir en busca de oportunidades, pero hace unos 10 o 15 años asumió que su energía debía volcarla en la región. Con el tiempo cambió su mirada sobre el lugar donde creció, “con cierta madurez pasa que ya vas entendiendo y vas siendo capaz de ver las cosas positivas a favor que tiene el territorio en el que te criaste”.
Desde ahí desarrolló su concepto de “arte de provincia”, una expresión acuñada por un amigo y que él hizo propia para describir lo que hacen los artistas de lugares pequeños y apartados, que no es solo hablar de un sitio pequeño, sino de crear desde lo que se tiene a mano. Para Lema, ese origen no es una desventaja sino lo que marca la diferencia, “el arte de provincia en el fondo es hacer lo que haces con los recursos, con el capital cultural que también tienes”.
Esa forma de entender su trabajo lo llevó a mirar con atención la cultura del agua y la pesca artesanal del litoral aisenino, que distingue de la cultura de las pampas y que ha plasmado en proyectos como La Faena. Según su opinión, esa identidad ha sido reconocida casi solo por su aporte económico y no por su valor simbólico, “sólo se ve como un tema productivo y no como un recurso artístico cultural”.
Por eso, más que el apoyo económico, que reconoce como necesario pero escaso, Lema pone el énfasis en la validación de la propia comunidad y en la educación, un terreno que conoce tras más de 20 años como profesor.
Finalmente, Pablo refuerza que el desarrollo del arte en la región pasa por formar desde la infancia a quienes lo van a valorar, de modo que los niños aprendan a conocer y apreciar a sus artistas y la pintura se entienda como parte de la identidad local. Más que mostrar resultados, la invitación que deja es a abrir espacios para conocerse mejor, “y crecer, solamente crecer”.
Conoce más de su trabajo a través de Instagram como @pablolemaartista y @aysenpaisajesecreto.








