María Jesús Hald, epidemióloga de la Facultad de Medicina UNAB, explica qué implica la primera alerta sanitaria por hantavirus en la historia de Chile y por qué exige vigilancia epidemiológica firme.
El Ministerio de Salud declaró esta semana la primera alerta sanitaria por hantavirus en la historia de Chile, medida vigente desde la región de Atacama hasta Magallanes hasta el 31 de julio de 2027. Para María Jesús Hald, epidemióloga de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello, la decisión «no responde al azar», sino a una realidad epidemiológica que venía mostrando señales de mayor gravedad.
«Es un virus que nunca desapareció, pero que hoy muestra señales de mayor gravedad», plantea Hald. La cifra que respalda esa lectura es la letalidad: según informó el Minsal, hasta la semana pasada se registraban 46 contagios y 18 fallecidos en el país, lo que representa cerca de un 39%. La cifra duplica la de 2025, cuando la letalidad llegó al 18% con 44 casos y ocho muertes.
Evitar que la curva siga creciendo
Para la especialista, ese salto es justamente lo que obliga a actuar antes de que la curva siga creciendo. Hald recuerda que el reciente brote asociado al crucero MV Hondius, con al menos tres personas fallecidas tras excursiones en la Patagonia, mostró que el hantavirus dejó de ser un problema exclusivamente rural. «En un mundo globalizado, las enfermedades zoonóticas también viajan con el turismo, el cambio climático y la creciente interacción entre las personas y los ecosistemas silvestres», explica.
La epidemióloga subraya una particularidad del virus circulante en el país: el virus Andes es el único hantavirus descrito en el mundo con evidencia de transmisión entre personas en contactos estrechos y prolongados. Se trata de un mecanismo excepcional, dice, pero que exige vigilancia epidemiológica permanente.
Sobre el alcance de la medida, Hald es enfática en que una alerta sanitaria no equivale a una epidemia descontrolada. «Significa que el Estado decide adelantarse. Esa es precisamente la esencia de la epidemiología moderna: anticipar, no reaccionar», afirma. En esa línea, el decreto otorga facultades extraordinarias para reforzar la vigilancia, agilizar la contratación de personal especializado y permitir la adquisición directa de insumos médicos, sin que ello implique que el sistema de salud esté desbordado.
La especialista sitúa el episodio dentro de un panorama sanitario más amplio. Menciona el resurgimiento del sarampión por la caída en las coberturas de vacunación y las alertas internacionales por ébola como señales de que los virus siguen circulando pese a la sensación de que las amenazas infecciosas quedaron en el pasado. «Chile cuenta con un sistema de vigilancia epidemiológica sólido y con enfermedades de notificación obligatoria inmediata», apunta Hald, «pero ningún sistema sanitario puede reemplazar a una ciudadanía informada».
«La verdadera alerta no es el virus. Es creer que las amenazas infecciosas pertenecen al pasado. En epidemiología, el mayor riesgo comienza cuando dejamos de mirar», cierra la académica.
Felipe Salazar Maulén








