Monday, 19 August, 2019
Es gracioso o más bien trágico, ver como líderes de la izquierda se autoproclaman como tales, pero desconocen la historia. Creen que haciendo el juego a la derecha podrán gobernar tranquilos, piensan que siendo reformistas neoliberales se acabará la crisis del capitalismo mundial, que haciendo concesiones al Gran Capital reformarán el curso de la historia, pero nada más que eso.
Y es difícil abstraerse a las directrices que impone el Gobierno de Estados Unidos, más imperialista que nunca, manejando el Fondo Monetario Internacional y los tratados globales que buscan mejorar su posición ante el escenario incierto que se le abre ante una China, que le compite de igual a igual en la geopolítica mundial.
Entonces Estados Unidos envía los mensajes a la izquierda inmadura, la de los Nuevos Tiempos, los que se suman al coro universal de un cuarto de los países del mundo que condenan a Venezuela, y que de forma campante la denominan Dictadura, como si desconociéramos lo que significa una Dictadura como la de Daniel López en Chile. Convenientemente no dicen nada respecto a los seis millones de colombianos que viven en Venezuela y que han tenido la oportunidad de desarrollarse en ese país. No dicen nada de los cientos de muertos en Colombia, la mayoría dirigentes sociales y políticos. ¿Es esto defender a Maduro? Por supuesto que no, pero hay que tener claro quiénes están detrás de lo que ocurre en Venezuela y no seguirles el juego a rajatabla y sin matices. Tampoco enfatizan o destacan la situación de Argentina, donde Mauricio Macri es el espejo de Sebastián Piñera, amigo personal y aliado. Macri perdió de forma estrepitosa en Argentina, un gobierno que llegó exactamente con las mismas propuestas que Sebastián Piñera, con más similitudes que diferencias.
¿Qué hizo Mauricio Macri? Rebajarle los impuestos a los más ricos y por ende subirles a los pobres, millonarios perdonazos a grandes empresas, eliminar derechos laborales y reducir las políticas sociales. ¿Eso no les dice nada a esta izquierda neoliberal?
Piñera prometió mayor crecimiento, y “éste no depende de los vaivenes de la economía mundial”, decían sus promotores, cuando Hacienda en tiempos de Bachelet, moderaba las cifras de crecimiento económico. E impusieron su discurso. Hoy no sólo se recorta casi mensualmente el crecimiento, sino que nos conminan a rezar para que se mejore la economía y a enfrentar los tiempos difíciles que llegaron antes que los tiempos mejores.
Jair Bolsonaro en Brasil, otro gobierno derechista que cae no sólo en las encuestas, sino que está sumiendo a ese país en un mar de corrupción y políticas que afectan a las mayorías pobres del gran país sudamericano.
Y la izquierda sin capacidad de autocrítica, llena de indefiniciones que sólo favorecen a la contra izquierda, que no critica con fuerza al neoliberalismo y sus consecuencias, pero sí se prestan para atacar a los gobiernos progresistas de la zona, ya no diremos gobiernos de izquierda, porque no es lo mismo.
Una Seremi de la Nueva Mayoría hace unos años nos dijo algo que nunca se me olvidó y que refleja a esta nueva izquierda neoliberal acomodaticia. “No estamos acá para cambiar las cosas” y “La lucha de clases no existe”. Con esas frases sintetiza esa izquierda renovada, que de tan renovada termina siendo lo mismo que la derecha y con ello, a su vez, imposibilitan cambios de verdad, porque su discurso ya lo tiene apropiado el antagonista. Ellos sólo se han sumado al coro neoliberal, de tal suerte que ya no existe relato distinto o una alternativa al modelo que atora cada vez más a los chilenos y donde la salida se ve cada vez más lejos.
Es la hipocresía de la izquierda Kindergarten.
Autor: Tehuelche Noticias
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