Tuesday, 06 October, 2020
Para el plebiscito del 5 de octubre de 1988, la campaña del No a Pinochet se sostuvo en un mensaje categórico y a esta altura, legendario: “Sin odio, sin violencia, sin miedo. No más. Vote No”. Porque con buena razón, los chilenos y chilenas habían vivido muchos años de terrorismo de Estado, una Dictadura cívico militar cruel y sangrienta, que no dudaba en eliminar, torturar o hacer desaparecer a quien pensara distinto y se atreviera a manifestarlo.
Esas mismas sensaciones que recorrían las poblaciones de Chile cuando aparecían los militares o carabineros en sus cucas hace casi 50 años, todavía se encuentran presentes en el inconsciente colectivo y son parte de los temores instalados, sobre todo para aquellos que pasamos los 40 años. Las instituciones armadas, lejos de terminar con esa desconfianza, no han hecho más que mantenerla.
La represión estuvo y está presente en las calles del país. Este viernes, un joven de 16 años fue arrojado por un policía al río Mapocho, producto de lo cual se encuentra en estado grave en la Clínica Santa María. Los uniformados siguieron reprimiendo y lanzando bombas lacrimógenas a pesar del hecho y luego, en lugar de ayudar, se retiraron para seguir ejerciendo la violencia en otro punto del centro de Santiago.
¿Se imaginan si los hechos hubiesen ocurrido al revés? Tendríamos cadena nacional de los medios de comunicación, tal como ocurrió cuando a un par de carabineros, saltándose todos los protocolos sanitarios, acusaron falsamente de ser discriminados en un centro de salud.
Este patrón de conducta de Carabineros es de carácter estructural, es decir, no se trata de hechos aislados como lo presenta el gobierno, como una manera de defender a tan desacreditada institución, en la que conviven malos y buenos elementos como en toda organización humana. Estos últimos no se merecen el descrédito de una institución corrompida por los altos mandos y la oficialidad, que no han sabido dirigirla, ni menos salvaguardar los derechos humanos.
En Aysén, tenemos el caso del Martín Sanhueza, donde un oficial, el coronel Pablo Capetillo, obliga a sus subalternos a mentir y ser parte de un montaje institucional. También hemos visto cómo en Chile Chico la muerte de Iván Vásquez al interior de una comisaría en 2014, con claras evidencias de acción de terceros, jamás fue suficientemente condenada por la institución, que nunca mostró interés de colaborar, como también lo hicieron en los hechos del 2012, en el marco de la movilización social.
A esto hay que agregar los innumerables hechos de corrupción, fraude al fisco y estafas en las que está envuelta la alta oficialidad de la policía uniformada.
Por todo eso, resulta urgente el fin de Carabineros de Chile, una policía que ha mostrado a lo largo de nuestra historia ser clasista, al servicio de los poderes económicos y políticos del país. Requerimos una institución al servicio y protección del pueblo, que respete los derechos humanos y la democracia, y para ello se debe terminar con la actual fórmula de adoctrinamiento y formación de las instituciones uniformadas que actúan en contra de la población civil.
Por eso el plebiscito del 25 de octubre toma más importancia que nunca, porque abre la opción de reformar estructuralmente a esta institución que nunca ha estado a la altura de las circunstancias y que mantiene vivo el recuerdo de la Dictadura cívico militar en sus acciones represivas y criminales, fundamentalmente contra estudiantes y mapuche.
Sin Odio, Sin Miedo, Sin Violencia. Aprobemos Nueva Constitución y Convención Constitucional
Autor: Tehuelche Noticias
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