Sunday, 30 June, 2019
Años para tramitar una pensión, luego de sufrir un grave accidente mientras trabajaba en empresa constructora. AFPs, Autoridades y Servicios Públicos han sido parte de su periplo sin que hasta ahora pueda tener una solución. Entretanto, sobrevive como puede.
Enojo, angustia, impotencia y rabia son algunos de los sentimientos que acompañan el andar de Héctor Delgado Carrillo, quien fue noticia nacional en mayo de 2011, tras sufrir un accidente de trabajo, que lo dejó enterrado bajo ocho metros de tierra, informaron los medios de comunicación en su oportunidad, aunque él mismo se apura en corregir y señalar que fueron casi dos metros, suficiente cantidad de barro y piedras para dejarlo siete meses en recuperación y un par de semanas en Santiago.
A casi nueve años de ese lamentable hecho, Delgado busca que el Estado le reconozca las secuelas que dejaron esos momentos críticos y pueda pensionarse a sus sesenta años. Por falta de voluntad suya no ha sido, innumerables trámites y gestiones, con el gran obstáculo burocrático de las instituciones públicas creadas para entorpecer, más que facilitar los trámites de quienes acuden a los servicios públicos.
“Es una mochila que llevo, hay días que puedo trabajar y otros ni los zapatos me puedo abrochar y tengo que hacerlo para poder trabajar y mantener a mi hija y yo. Y no voy a vivir a costillas de mis hijos mayores. Hago changas en la medida que me da el cuerpo, porque cuando estoy bien lo hago y a veces no puedo caminar, porque el dolor de cadera no me deja”, dice mientras apunta esta zona de su cuerpo.
El hombre se quiebra en varias oportunidades durante la entrevista, recuerda cómo le cambió la vida el accidente, el abandono de la desaparecida empresa constructora Galleguillos, que lo terminó despidiendo y por supuesto las dificultades que también presenta su pequeña hija de 11 años, que tiene una discapacidad al corazón que la obliga a viajar a Santiago periódicamente. “Me despidieron de la empresa y justo en esos días saqué un préstamo y porque mi hija viajaba a Santiago en esos días y hasta la fecha debo eso, no tengo cómo pagarla y me hostigan de la Caja Los Andes”, se lamenta.
El peregrinaje de Delgado Carrillo bien da para una novela, una de drama, lágrimas, desconsuelo y un Estado indolente, donde no existe seguridad social. “Con los cambios de temperatura me dan más fuertes los dolores, tengo mucha rabia en la situación que voy quedando, jamás fui una persona de andar pidiendo ayuda. Cuando quise sacar una pensión, en todos los lugares me rechazaron y eso me tiene mal y hasta he tenido malas intenciones conmigo”, advierte con pesar.
Evidentemente no puede trabajar de la forma normal en la que lo hace la mayoría, los cientos de kilos de tierra que cayeron sobre él, le produjeron lesiones invalidantes, entre ellas dolores inimaginables en sus extremidades y en su brazo izquierdo, con el cual realiza la mayoría de las cosas.
Hoy Héctor Delgado vive de las “changuitas” que intenta hacer a diario y aunque quiso reinsertarse en alguna empresa, tras ser despedido de la constructora, la misma en la que sufrió el accidente y que, señala, fue el lugar donde lo persiguieron luego que volvió a trabajar para terminar echándolo sin reconocer lo que correspondía por el tiempo de permanencia. Le entregaron 4 millones de pesos tras el accidente, pero tras volver a trabajar, los hostigamientos se hicieron permanentes, lo cual gatilló su despido. “Fui al Juzgado Laboral para que se reabriera mi caso y me dijeron que el caso se había cerrado y ya no se podía hacer nada. Me echaron porque me persiguieron después que volví a trabajar a la empresa el hijo del dueño se empezó a reír y me trató de ignorante, que así se trataba a la gente como yo”.
Desde ese momento en el año 2012 intentó reinsertarse en alguna empresa, pero sólo podía trabajar un día o dos, ya que al tercero los intensos dolores no lo dejan continuar. Decidió enfrentar ese dolor y comenzó a tomar menos pastillas, porque le estaban dañando el estómago. “Trabajo de jornal, pero no puedo hacerlo en empresas, porque no puedo hacer cosas pesadas. Se me han cerrado las puertas, qué puedo hacer para aportar para mi casa. Es triste, porque tengo una hija igual que debo ayudarla y tampoco puedo”.
La vida de este mañihualino no ha sido fácil, como ocurre en un país en que el estado tiene su mínima expresión tras la Dictadura, para facilitarles el negocio a los privados, negocio que está destinado sólo a quienes puedan pagar por los derechos que deberían ser para todos.
Con cuarto básico rendido y una hija de 11 años que también sufre una delicada enfermedad y debe viajar permanentemente a Santiago, con los costos de estadía que implica, Héctor no dejó de tocar puertas para lograr algo tan simple, pero que cuesta tanto en Chile: una pensión. Pero no es una limosna, sino el reconocimiento de una vida de trabajo por el país, un hombre que antes de cumplir los 13 años ya estaba entregando su fuerza laboral a Chile. “Me duelen las costillas, las caderas y sobre todo el brazo izquierdo, pasan dos o tres días que no puedo hacer nada. Y los médicos no me han tomado en cuenta. He buscado todos los medios, incluso las AFPs, para jubilarme anticipadamente”.
Los políticos “visitantes”
En todo este tiempo no son pocos los personajes públicos que lo han visitado y le han prometido ayuda, la que en ocasiones ha llegado y en otras sólo han sido palabras de campaña electoral. “Hay personas que a uno lo buscan cuando hacen campañas y cuando se sientan en el poder se olvidan de quienes prometieron ayudar, hay varios que ya se los dije, como Pablo Galilea, que se sacó una foto afuera y que me iba a ayudar y ahora sólo para hablar con él hay que pedir audiencia unos cuatro meses antes, porque está en el poder y así hay varios que estuvieron aquí”, relata.
También apunta sus dardos contra la atención médica. “Cuando llegué a Santiago me dijeron que si hubiese esperado dos o tres días más habría quedado en silla de ruedas”. Se entiende, el hombre está dolido con un sistema que no funciona, donde la seguridad social está ausente. “Hay un médico en la Mutual que es un tal Videla y tengo de testigo a la enfermera que me ayudó, le dije que tenía problemas en el brazo izquierdo y él me lo tiró tan fuerte, que estuve llorando medio día y con fuertes dolores. La enfermera me ayudó y allí me dijo que quería ganarme la plata a costillas de las licencias”, resume Héctor Delgado, quien sigue esperando que todo lo que ha dado por el país se devuelva en una pensión digna.
Si bien es cierto su credencial de discapacidad señala 60%, el dictamen de invalidez indica que sólo tendría un 20% de menoscabo en su capacidad de trabajo, con diagnóstico dorsolumbalgia crónica.
Para poder pensionarse requiere un mínimo de 50%, eso dicen los papeles, cosa muy distinta a la que a diario vive Héctor Delgado, quien sólo por caminar unas cuadras puede fácilmente caerse. El sistema no funciona, al menos para los más pobres.
Autor: Tehuelche Noticias
Héctor Delgado: Cuando el Estado te Abandona Una y Otra Vez
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