Wednesday, 01 April, 2020
Hace unas semanas atrás el presidente de Francia señaló que “lo que revela esta pandemia es que la salud gratuita sin condiciones de ingresos, historial personal o profesión, y nuestro Estado de Bienestar Social, no son costos, ni cargas, sino bienes preciosos, ventajas indispensables cuando el destino llama a la puerta. Lo que revela esta pandemia es que hay bienes y servicios que deben estar fuera de las leyes del mercado”. Lo dijo Emmanuel Macron, quien no es precisamente un gobernante de izquierda.
Sin embargo, en nuestro país continúa una frenética acumulación de riquezas para los mismos que nos hacen padecer nuestra desgracia. Las AFP se niegan a que los cotizantes retiren un porcentaje de su mismo dinero, pues eso “podría generar malas pensiones a futuro”, como si las actuales no fueran miserables. Las grandes empresas reciben onerosas cifras del gobierno, mientras aprovechan de deshacerse de sus trabajadores, las leyes les dan la razón a los dueños del capital.
Piñera pone precio al test y luego habla de medidas sanitarias, permite la aglomeración de personas en los barrios pobres y en aquellos lugares en que circula el pueblo, y coloca en cuarentena a la población rica, mientras el resto sigue trabajando, porque son desechables.
Ese castillo en el aire que nos vendieron los concertacionistas y la ultra derecha ya venía cayendo desde octubre pasado, las razones para cambiarlo todo, lejos de alejarse, parecen emerger cada día con mayor fuerza, palpitando en cada corazón de quienes habitamos este país.
No obstante, esta pandemia no sólo se limita a temas económicos o sanitarios, sino a cómo luego de salir de ella, logramos una nueva relación con el medio ambiente, con la naturaleza, con el otro invisible. Cómo podemos aprovechar esta coyuntura mundial para emerger con un nuevo sistema de relaciones humanas, económicas, políticas y sociales.
Al recorrer los mercados, negocios grandes y pequeños de Coyhaique, nos damos cuenta que tan profunda es la enfermedad del capitalismo. Los mismos productos que antes se vendían a 100, ahora han subido sus costos hasta en un 50%, es la mano invisible cambiando precios en las góndolas del país.
Es muy pronto para decir cómo nos va a pegar el coronavirus, hasta ahora parece que la mortalidad es menor a otras naciones, pensando que los datos que se entregan son reales, pero Chile ya está enfermo de muchos años, anestesiado, con analgésicos que dejaron de producir efectos hace unos meses, desencadenando la reacción del cuerpo enfermo, intentando salir y superar la enfermedad, son millones acuartelados en sus casas, como anticuerpos, esperando el momento de asestar el golpe definitivo, porque la enfermedad más terrible podrá ser ahora el coronavirus, pero hace décadas es otra, una que nos obliga a competir y destrozar al otro, una que precisa a no pensar en el resto, sino agarrarse con sus propias uñas y si no, caer y morir.
Pasarán estos meses y vendrá el tiempo en que el país seguirá dando pelea por cambiar el mundo, los mismos que con letras luminosas Piñera llama delincuentes, saqueadores, violentistas y otros adjetivos.
Actualmente el país en estado de catástrofe permite que el Presidente pueda fijar los precios, al menos de los artículos de primera necesidad y evitar la especulación y el aprovechamiento, tiene las facultades, evita usarlas, tal vez porque también tiene intereses económicos detrás.
Mientras escribo me entero que tiendas de Coyhaique como Corona y otras similares, aprovechándose de la crisis, despiden trabajadores, agregándole más indignación al momento y al caldo de cultivo que el régimen piñerista está armando.
Las medidas para las pequeñas y medianas empresas, que son las que dan trabajo son mínimas, mientras se recurre a los fondos de cesantía para que los propios trabajadores se hagan cargo, un régimen demencial que está apostando por la muerte de sus compatriotas. Si todas las recomendaciones internacionales señalan que la mejor manera de parar los contagios es la cuarentena total, qué estamos esperando para hacerlo, ya van casi veinte vidas y aún no se adoptan medidas a la altura de las circunstancias, para un país pequeño como el nuestro, en que manejar una crisis como esta, debería ser más fácil que naciones con 40 o 60 millones de habitantes.
Lamentablemente, estamos en manos de los mismos que desarticularon la salud pública y que ni siquiera en circunstancias como estas son capaces de salir de su rigidez ideológica y abrirse paso para inyectar recursos donde realmente se requieren, por el contrario apuestan por medidas mezquinas y egoístas ante una crisis sanitaria, que dará paso a una de carácter económica y social, sin embargo lo primero es pensar en salvar las vidas y luego la economía.
Hay que presionar...esta vez es por nuestra vida, seres queridos y el país.
Autor: Tehuelche Noticias
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