La tarde cae sobre Coyhaique y, desde una ventana cercana a la plaza, José Mansilla observa cómo la luz se filtra entre las nubes y las montañas. Esa contemplación del paisaje, que él describe como un acto de belleza única, es la misma que lo llevó a escribir sobre una región que lo recibió a los once años, en enero de 1974, cuando llegó en avión junto a su madre y su hermano para reunirse con su padre, un carpintero que buscaba mejores perspectivas.
Nacido en Puerto Montt y radicado en Coyhaique desde la infancia, José Mansilla Contreras es escritor, poeta e investigador. Su interés por la literatura comenzó en la escuela, gracias a profesores que compartieron sus lecturas y lo acercaron a los talleres literarios, mientras que la necesidad de expresarse y comprender a las personas fue dando forma a una escritura que hoy recorre las experiencias de la comunidad y las memorias de la Patagonia.
Las culturas que construyen Aysén
Su interés por la identidad regional surgió de una necesidad personal, la de sentirse parte de una comunidad más que de un territorio, y se reforzó con su formación como profesor. Sobre su relación con Coyhaique, dice, «cuando camino por Coyhaique, me siento a gusto porque sé que estoy en un espacio donde hay mucha gente que yo conozco, o hubo gente que yo conocía y que son parte de mis experiencias de vida».
En los años noventa identificó en la región elementos de la cultura gaucha, la chilota y la indígena, además de los aportados por descendientes árabes en Puerto Aysén, Guadal y Chile Chico y por alemanes en Puyuhuapi. A esas influencias cuenta que se suma hoy la cultura mexicana, presente en el país desde los inicios de la radio, y la de jóvenes de barrio ligados al rap «se han ido construyendo una serie de entidades que no son ya solamente las tradicionales, sino que hay otras culturas que han ido apareciendo».
Según Mansilla, las costumbres campesinas, como las esquilas, las señaladas y las marcaciones, eran parte de un trabajo anual que se hacía en el campo, y cuando la ruralidad disminuyó esas familias pasaron a vivir en los márgenes de Coyhaique. Hoy esas prácticas sobreviven como fiestas costumbristas, jineteadas y campeonatos de truco, y para José eso supone un cambio de fondo, «lo que se produce es una transformación de las identidades».
La poesía como memoria
Sus libros y poesía funcionan como una forma de dejar registro de historias que corren el riesgo de perderse, pueblos originarios de los que se conserva poca información y hechos de la dictadura, que hoy se recuerdan sobre todo en la conversación.
“En Sueños Chonos”, un libro de poesía y teatro, imagina cómo pudo ser el pueblo chono, del que sólo se conservan algunos catecismos escritos por sacerdotes, palabras sueltas y topónimos, y lo muestra navegando hasta que decide irse al cielo en burbujas parecidas a nubes. El libro incluye además poemas dedicados a los Aónikenk, y en ese sentido explica que “ese libro es una manera de volver a reencontrarse en la memoria de estas personas que vivían”.
“Aire nada más”, publicado el 2017, recorre los años de la dictadura civil y militar en Aysén desde su propia memoria y desde las conversaciones con presos políticos y familiares de detenidos desaparecidos, entre ellas la de patrullas militares que se detenían frente a una casa con las luces encendidas durante un buen rato, para intimidar a quienes estaban adentro. Hay relatos que decidió no escribir, y su razón es de oficio, «incluso hay historias que uno no escribe por pudor, por respeto y porque en el fondo la poesía lo que tiene que hacer es enternecer emocionalmente a las personas».
Parte de los libros de José Mansilla Contreras se puede encontrar en La Librería, ubicada frente a la Escuela Pedro Quintana Mansilla, en Coyhaique. A través de su obra, el escritor busca preservar la memoria de quienes habitaron la región y dar cuenta de los cambios que atraviesan su identidad, mientras invita a las nuevas generaciones a cuidar la naturaleza y construir una relación más responsable con el entorno.








