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Patricio Silva. Presidente de Convergencia Social
La conformaci?n del partido del candidato y Senador Jos? Antonio Kast en nuestra regi?n, nos invita a reabrir un antiguo debate respecto a si es factible aceptar discursos de odio en nombre de la «»libertad de expresi?n»». Nuestra respuesta es un NO rotundo, especialmente en tiempos donde las redes sociales generan una distorsionada realidad paralela.
Hace unos 70 a?os, el fil?sofo Karl Popper enunci? la «»paradoja de la tolerancia»»: si la libertad de expresi?n es completamente ilimitada, se permitir? la existencia de opiniones que legitimen violentar a otros grupos, lo cual coartar? la misma libertad de expresi?n. Por ende, para construir una sociedad democr?tica, debemos ser intolerantes a la intolerancia.
Quienes enarbolan discursos intolerantes en Chile han protestado, se?alando que el mismo Popper nunca pretendi? prohibir los discursos intolerantes, sino que por el contrario, el fil?sofo hac?a un llamado a «»contrarrestarles mediante argumentos racionales y mantenerles en jaque ante la opini?n p?blica»». Efectivamente, Popper cre?a que se deb?a privilegiar el espacio de debate antes que la censura.
Sin embargo, esto fue hace casi 70 a?os. En los a?os 40 el debate p?blico estaba controlado por los medios de comunicaci?n escritos. Apenas empezaba a masificar la televisi?n, y por cierto, tampoco hab?a internet ni redes sociales.
Aqu? est? el meollo del asunto, cuando analizamos sociol?gicamente el fen?meno Kast. Las plataformas sociales masivas permiten esparcir comentarios odiosos, prejuicios, o verdades a medias (que es lo mismo que mentiras), con la facilidad de un click. Tal es lo que ha hecho el Sr. Kast como cuando, por ejemplo, en el a?o 2013 neg? el horrendo Caso Degollados perpetrado en dictadura. O cuando asoci? -sin pruebas- a las y los migrantes con actos de delincuencia. O cuando se?al? que el dictador peruano Alberto Fujimori no deber?a ir a la c?rcel. O cuando se?al?, contra toda la evidencia internacional, que los ni?os y ni?as que crecen en hogares homoparentales, crecen con inseguridad y angustia.O defendi? la rectitud moral del brigadier Miguel Krassnoff, condenado a m?s de 600 a?os de c?rcel por violaciones a los derechos humanos en dictadura.
Ahora bien, basta con buscar el nombre «»Kast»» en Youtube, y aparecer?n cientos de videos que glorifican su discurso, pero lo m?s importante, sin ning?n contrapeso, obviando completamente las mentiras y los contraargumentos. Se omiten las decenas de veces que se ha puesto en evidencia su intolerancia y la liviandad de varias de sus afirmaciones. Es un debate sin contrincante, una y otra vez, repetido hasta el cansancio. Ello genera una realidad consiste en que el Sr. Kast aparece siempre «»dejando callado»» a su oponente, como si en cada aparici?n p?blica su desempe?o fuera rutilante y no hubiera contrapeso posible a la arrolladora fuerza de sus argumentos.
Este es el debate pol?tico que genera internet. En suma, no es un debate: es una f?brica de producci?n masiva de ideolog?a. S?lo una persona que vea el cap?tulo completo y no el resumen de Youtube, verifique las fuentes, busque informaci?n complementaria, y contraste con otros puntos de vista, sabr? separar el trigo de la paja, e identificar cu?ndo un argumento es debatible. Bien sabemos que esto ocurre pr?cticamente nunca, tal como se?alan todas las encuestas de uso de medios y politizaci?n en Chile. ?Opinar?a el Sr. Popper lo mismo, si conociera la realidad del debate pol?tico por redes sociales?
El problema central es que este discurso, que se esparce sin contrapesos como un virus, no es inocuo. Muy por el contrario, cuando los discursos de intolerancia son promovidos por representantes pol?ticos, le otorgan un manto de legitimidad a quienes defienden lo indefendible. Si una figura p?blica lo dice, ?por que yo no, que soy un simple ser humano? Se normaliza el discurso del odio hacia las diversidades sexuales, o las personas migrantes, o las mujeres que apoyan el aborto. Es posible y leg?timo vociferarlo en p?blico, aunque promueva el odio.
Y del discurso del odio a la acci?n odiosa, hay un peque?o paso. O preg?ntele a Brasil, que ha experimentado la peor ola de ataques homof?bicos en su historia, o a Estados Unidos, que vive la misma realidad contra personas de cualquier etnicidad no-blanca. O mejor a?n, a Chile, que ha visto un aumento del 44% en las denuncias por cr?menes de odio.
En democracia, usted no tiene derecho a decir lo que se le plazca. No tiene derecho a emitir opiniones que denigren o minimicen a otros sectores de la poblaci?n, no tiene derecho a enunciar mentiras como si fueran verdades, tampoco tiene derecho a glorificar la violencia o la masacre, mucho menos a promover el odio hacia grupos desaventajados. Es m?s, nada de esto constituye un «»derecho»», por el contrario, es una flagrante violaci?n a los derechos de otras personas.
Por cierto que debemos debatir razonadamente, sin embargo, este debate en particular ya se zanj? hace 70 a?os mientras el Sr. Popper escrib?a su libro, luego de que las guerras mundiales borraran a casi 100 millones de personas de la existencia.
Convergencia Social, regi?n de Ays?n.
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