Friday, 14 May, 2021
Manuel Riesco. Economista
Tras duplicarse en un año, el precio del cobre ha sobrepasado los 4,7 dólares por libra, récord histórico en moneda nominal. Sin duda es el hecho económico más relevante para Chile. También para la economía mundial en este momento.
Analistas de mercados, en su mayor parte ligados a la “industria” financiera, se atropellan para ofrecer toda suerte “explicaciones” del fenómeno, muchas veces curiosas y contradictorias. Explican el alza actual del cobre, por ejemplo, por la irrupción de los automóviles eléctricos, pero no aclaran porqué el alza afecta simultáneamente ¡al petróleo!.
Nunca explican por qué estos movimientos afectan siempre a todas las materias primas al mismo tiempo. Dicha categoría incluye la madera, la carne, la soya, el quesillo y varios otros productos, cuyo único parecido con el cobre es que su oferta no puede acomodarse flexiblemente a las veleidades de la demanda. Tampoco explican por qué estos movimientos se mueven al unísono con las bolsas y monedas emergentes (gráfico 7).
Visto en el contexto del ciclo secular de las economías desarrolladas, el alza reciente del cobre no es de extrañar y podría prolongarse por varios meses, o nó.
Algo similar sucedió en 1987, a mediados del ciclo secular anterior. Entonces, cómo ha sucedido en los últimos 12 meses, el precio del cobre inició ese año en su mínimo histórico y lo terminó el doble más arriba. Sin embargo, a finales del año 1988 reasumió el curso de caída que ya llevaba una década. Sólo tocó el fondo al terminar el siglo, cuando ese ciclo secular alcanzaba su irracionalmente exuberante cima “punto com” (gráficos 1,2,3, 5 y 6).
Tal como ha sucedido varias veces, el precio del metal está diagnosticando por anticipado el movimiento de las economías desarrolladas. Por algo lo llaman “Dr. Cobre”.
Todo indica que, ahora sí, dichas economías reinician con fuerza una larga recuperación. Dejando atrás la sucesión de crisis y turbulencias que las vienen zamarreando desde el inicio del siglo. Con razón John Authers, su cronista más lúcido, la ha bautizado como “crisis secular”.
En dos desplomes sucesivos, el “punto com” el año 2000, y el “subprime” el año 2008, la economías desarrolladas tocaron fondo en el año 2011. Se recuperaron sostenidamente hasta el año 2019, pero el “COVID” las derrumbó nuevamente, de un golpe. En abril del año 2020 habían caído hasta sus niveles de hace medio siglo, rebotaron al mes siguiente, pero terminaron el año en el mismo nivel del 2011 (gráficos 1,3 y 4).
Empujadas por la enérgica intervención de los Estados, el futuro de las economías desarrolladas se ve más o menos auspicioso en la década que se inicia. Otra cosa es lo que suceda con los activos financieros, especialmente el endeudamiento, los que han alcanzado una “exuberancia irracional” nunca antes vista, especialmente en los EE.UU., carga que indudablemente tendrá que arreglarse por el camino.
Otro destino espera asimismo a las economías emergentes. La recuperación de las desarrolladas constituye una gigantesca aspiradora de capitales, que ciertamente arrastrará de retorno a casa a los que habían bajado a especular al Sur. El resultado, según el FMI y el consenso de los economistas, puede ser una nueva “década perdida” en los emergentes, gatillada especialmente por la deuda acumulada por estos lados. De este modo, la salida de la crisis COVID asumiría la forma de una gigantesca letra “K”, con las economías desarrolladas subiendo mientras caen las emergentes.
A consecuencia de lo anterior, y muy lamentablemente para el “Sueldo de Chile”, las economías desarrolladas resultan malagradecidas en extremo con el Dr. Cobre. Cuando atraviesan sus crisis seculares se acuerdan de él y lo premian con elevados precios. Pero ¡ay! cuando se recuperan lo relegan al olvido. En lugar de remunerar sus agudos diagnósticos, usualmente lo castigan con una larga fase de precios descendentes, que se extiende hasta la culminación de sus recuperaciones seculares.
¿Y qué será de esta racha alcista del Dr. Cobre? Probablemente se recordará como una suerte de repasada de los capitales especulativos, mientras se concreta la demanda de inversiones para la esperada recuperación del Norte. Probablemente correrá la misma suerte que lo que se está gestando por estos días en el desenfreno financiero de Wall Street, financiado por la Reserva Federal.
Así ha sucedido antes y lo más probable es que ocurra de nuevo.
El “superciclo” de materias primas y el ciclo secular de las economías desarrolladas
A lo largo del par de décadas en que el ciclo secular de las economías desarrolladas se recupera y alcanza su auge, el “superciclo” de las materias primas cae tendencialmente hasta tocar fondo. Lo opuesto sucede en la década y media de crisis secular que inicia cada uno de estos ciclos. Sólo allí, el superciclo de precios de materias primas experimenta su fase elevada, al mismo tiempo que las economías desarrolladas se precipitan en su nueva fase de crisis (gráficos 1 a 6).
Ambas trayectorias, el ciclo secular de las economías desarrolladas y el superciclo del cobre y materias primas, se asientan a través de una sucesión de saltos más o menos pronunciados, que se suceden en perfecta sincronía y en fase. Es decir, en lo inmediato ambos suben y bajan juntos a cada instante. Sin embargo, los brincos del segundo son un reflejo amplificado de los primeros (gráfico 7). Cuando aquellos bajan éstos caen más. Y viceversa cuando suben. Esta diferencia de amplitud es la que da como resultado el sorprendente movimiento a contrafase en el largo plazo.
Tal es el asombroso engranaje de las economías desarrolladas y emergentes, determinado por el ciclo secular de las primeras, cuyos dientes empujan los de las economías emergentes en la misma dirección y sentido, pero con el resultado de hacer girar las segundas a contrarreloj de las primeras.
La transmisión de energía entre ambas corre a cuenta de los flujos de capitales de los países desarrollados, que aún constituyen no sólo la mayor parte, sino la casi totalidad del capital global. Ello se puede apreciar en el casi imperceptible impacto de los gigantescos saltos de los mercados emergentes sobre el conjunto de las bolsas mundiales, que es casi indistinguible de la trayectoria de los desarrollados (gráfico 7).
Durante las fases de crisis secular, dichos capitales gigantescos no encuentran en su casa demanda por inversiones productivas. Por este motivo, parte de ellos vuelan al Sur en busca de un clima más cálido. Masas de capital relativamente pequeñas para el Norte resultan gigantescas en el Sur, provocando alzas desmesuradas en las monedas, bolsas de valores, precios de materias primas y, ominosamente, las deudas privadas y públicas, en los países emergentes.
Todo lo anterior se revierte cuando las economías desarrolladas tocan fondo e inician su larga y accidentada recuperación secular. Ésta constituye una gigantesca aspiradora global de capitales.
La sóla dimensión de la economía estadounidense, por ejemplo, que todavía representa más de un quinto de la economía mundial, es capaz de reabsorber la totalidad de los flujos que en años anteriores emigraron al Sur, sólo para crecer unos pocos puntos porcentuales. Si experimentan un crecimiento más rápido, como sucede en estos meses y se espera continúe por un buen tiempo, la succión de capitales globales se convierte en un verdadero tornado que regresa al Norte arrasando lo que encuentra en su camino desde el Sur.
Es decir, el “superciclo” de lo que hoy se denomina el “complejo emergente”, materias primas, bolsas, monedas y deudas, de economías emergentes, está determinado por los flujos de capital especulativo desde y hacia las desarrolladas.
Afecta por lo mismo todo lo que resulta atractivo para la especulación, vale decir, todas las cosas cuyo precio cambia a cada instante, y en los cuales se puede ganar si se acierta al sentido de los constantes vaivenes.
Es sabido que una enorme masa de capitales especula constantemente con bolsas y monedas, en su mayor parte entre las propias economías desarrolladas. Una parte menor, sin embargo, especula en bolsas y monedas emergentes, pero adquiere allí una influencia desmesurada. Como un elefante en una cristalería.
El cobre, las materias primas y alimentos, antes se usaban para fabricar ollas y llenarlas. Hace tiempo que se han convertido en sofisticados instrumentos financieros. Ello porque, como sucede con todas las cosas escasas en que la oferta no puede acomodarse con flexibilidad a la demanda, su precio depende exclusivamente de las veleidades de ésta. Su demanda por lo mismo, y por añadidura, no depende sólo del consumo productivo o final, como en todas las mercancías, sino además de la especulación.
Dólar
El vuelo de regreso a casa de los capitales golondrina durante la recuperación de las economías desarrolladas, deprecia las monedas de los emergentes donde se guarecieron durante la crisis, al tiempo que valoriza fuertemente las monedas duras, al contrario de lo que sucede durante las crisis seculares.
Ello obedece a la emisión monetaria que, como debe ser para compensar la paralización del crédito, aumenta extraordinariamente durante las crisis, pero se contrae en las recuperaciones. Ello se refleja en movimientos similares de los rendimientos de bonos de largo plazo, los que se mueven al revés de su precio expresado en esa moneda y eventualmente de la tasa de interés.
El oro es la medida más estable de valor, porque los extraordinarios avances en su exploración y extracción han compensando la creciente escasez de yacimientos de fácil acceso. Medido en oro, el dólar se revalorizó cinco veces en el curso de la recuperación secular anterior, que se extendió desde la sima de 1980 hasta la cima de inicios del 2000. Desde entonces volvió a caer a la quinta parte el 2009 y nuevamente el 2020. Al momento de escribir estas líneas, en mayo del 2021, un dólar puede comprar un cuarto del oro que podía comprar a inicios del año 2000 (gráficos 4 y 5).
El cobre presenta particularidades de interés, que lo distinguen de otras materias primas hasta el punto que lo llaman “Dr. Cobre”. Su valor es asimismo extraordinariamente estable en el largo plazo, al igual que el oro y por las mismas razones. En este momento, por ejemplo, tiene exactamente el mismo valor relativo al oro que en diciembre de 1987, tras duplicar esa relación en los doce meses anteriores en ambos casos, como se ha dicho. El cobre oscila en torno a los 173 gramos de oro por tonelada de oro, relación que sube al doble durante las crisis seculares de las economías desarrolladas, y baja a la mitad durante las recuperaciones (gráfico 6).
El diagnóstico de los Drs. Cobre y Oro
Tras subir un 10 por ciento en abril y un 14 por ciento en la primera semana de mayo en curso, el precio del cobre expresado en dólares se ha duplicado en los últimos 12 meses. En parte ello se debe a la depreciación de la moneda estadounidense que, en relación al oro, ha caído un 4,6 por ciento en la primera semana de mayo y 6,9 por ciento en 12 meses. Aun así, el cobre medido en oro también ha subido, un 9 por ciento en mayo y un 90 por ciento en 12 meses (cuadro 1).
Si el Dr. Cobre anticipa el movimiento de las economías desarrolladas, como dicen, entonces su diagnóstico del año 2021 es sin duda contundente: augura una recuperación potente y prolongada.
En el año 2020, el Dr. Cobre había emitido un diagnóstico tanto o quizás más significativo, sólo que en el sentido opuesto. En el mes de mayo, el precio del cobre había caído a 2,37 dólares por libra. Un precio bajo, pero no mucho menor que su “precio verdadero”, su promedio de cerca de un siglo, que alcanza a 2,72 dólares de hoy por libra (gráfico 1).
Sin embargo, por esos mismos días, el “Dr. Oro” alcanzaba precios récord, superiores a 2.000 dólares la onza troy o 64 dólares por gramo (la onza troy en que se mide el precio del oro equivale a 31,1 gramos). Dicha cotización, leída al revés como recomendaban los economistas clásicos, significa que un dólar sólo podía comprar sólo 1/64 o la 64 ava parte de un gramo del metal precioso.
El “Dr. Dólar” se había depreciado en ese momento a su nivel histórico mínimo. Ni más ni menos. Sólo en dos ocasiones previas había sucedido algo similar, en el año 2011 tras el derrumbe “subprime”, y en 1980, en la sima o punto más bajo del ciclo secular iniciado en 1966 (gráficos 2 y 3).
Considerando la fuerte depreciación del dólar, en marzo del año 2020 el precio del cobre expresado en oro había caído a sólo 86 gramos de oro por tonelada de cobre, asimismo su nivel histórico mínimo. Para encontrar precios tan bajos hay que remontarse al año 1980, cuando cayó hasta 87 gramos de oro por tonelada, o al año 1987, cuando alcanzó a 88 gramos de oro por tonelada (gráfico 6).
Ambas fechas son significativas: el año 1980 marcó la sima, es decir el punto más bajo, del ciclo secular de las economías desarrolladas iniciado en 1966. En el año 1987, por su parte, un “lunes negro” de Wall Street anunció el fuerte bache experimentado hacia la mitad de la recuperación secular, del mismo ciclo.
Ésta es precisamente la gran pregunta para la economía mundial en el momento actual. ¿Fue la “Crisis COVID” el tercer desplome, esta vez sucesivo y definitivo, que completó la fase de crisis secular iniciada con el siglo? ¿O fue, en cambio, un tsunami pandémico, extraeconómico, que interrumpió la larga fase de recuperación secular que, en este escenario, se habría iniciado en el año 2011?
El diagnóstico del Dr. Cobre se inclina por la primera hipótesis. En mayo del año 2020 cayó a 86 gramos de oro por tonelada, como se ha mencionado, más abajo que en la supuesta sima del año 2009, cuando cayó a 100 gramos de oro por tonelada.
Otro facultativo quizás más agudo, el “Dr. Dólar”, es más ambiguo. Medida en oro, la moneda estadounidense cayó en marzo del 2020, a un 22,1 por ciento de su nivel máximo alcanzado a inicios del presente ciclo, al despuntar el siglo XXI. Tras la crisis “subprime” llegó a caer al 21,3 por ciento de ese nivel, es decir, levemente más abajo que el año pasado (gráficos 2 y 3).
El Dr. Wall Street
Las bolsas importantes medidas en oro, en particular Wall Street que es la mayor, siguen asimismo muy de cerca la evolución del ciclo secular de las economías desarrolladas. Al comentar esto, John Authers decía que, así medidas, permiten reducir un asunto muy complejo a una trayectoria simple. Una larga caída en varios tiempos, desde 1966 a 1980, seguida de una larga recuperación hasta finales del siglo. También en varios tiempos, con el bache significativo de 1987, que se ha mencionado.
Luego viene otro ciclo, iniciado con otra larga caída a lo largo de la primera década del siglo, también en varios tiempos, hasta finales del 2011. Allí se inicia una larga recuperación hasta el año 2019. Con una interrupción intermedia a partir del 2018, agudizada violentamente el año 2020 por el COVID, tras cuya recuperación no menos brusca lo acerca al fondo alcanzado el año 2018. Eso es lo que indica Wall Street medido en oro (gráficos 4 y 5).
Estamos frente a una interconsulta con diagnósticos diferentes, respecto de la sima o punto más bajo, del ciclo secular en curso. Mientras el “Dr. Cobre” diagnostica que tocó fondo el año 2020, el “Dr. Oro” y el empleo estadounidense son más ambiguos, porque marcan un mínimo similar el 2011 y el 2020. Sólo el “Dr. Wall Street” medido en oro diagnostica categóricamente que dicha sima se alcanzó a principios de la década pasada.
Vamos a ver. Hay que seguir diariamente la cotización del oro, que leída al revés representa el valor del dólar. Si llega a 3.000 dólares por onza, como hace pocos meses pronosticó el Bank of America, y Wall Street sufre paralelamente una corrección importante, como suponen los analistas más serios, en una de esas los mercados financieros pueden volver a las profundidades del 2009. Todos los Drs. llegarían en ese caso a un diagnóstico común: el actual ciclo secular habría tocado fondo con la crisis COVID.
La discusión es más bien académica, puesto que todos los afamados facultativos citados, coinciden en anunciar la recuperación rápida y prolongada de las economías desarrolladas.
Esa es una pésima noticia para el Dr. Cobre y el Dr. Oro, que sin recibir el pago que amerita su agudo diagnóstico, se irían a pique por años, hasta el fin del ciclo en curso.
Manuel Riesco
Vicepresidente CENDA
mayo 2021
P.S. el presente artículo y sus anexos están disponibles en el blog del autor, economia.manuelriesco.cl
Anexos
Cuadro 1: Precios del día
|
Precios del día |
13-mayo-2021 |
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|
monedas - oro - cobre - cuota AFP - bolsas desarrolladas y emergentes |
|||||
|
Precios nominales peso, dólar, cobre y oro. Índices cuota AFP y bolsas en US$/CPI (marzo 2000=100). |
|||||
|
Precios |
Valor |
???? mes (*) |
???? 12 meses |
???? mes en oro |
???? 12 meses en oro |
|
Peso (US$/1000pesos) |
1.41 |
0.4% |
16.1% |
-3.7% |
8.6% |
|
Euro (US$/Euro) |
1.26 |
0.3% |
8.5% |
-3.8% |
1.5% |
|
Dólar ($/US$) |
707.8 |
-0.4% |
-13.9% |
-4.1% |
-6.5% |
|
Dólar (Oz/1000US$) |
0.545 |
-4.1% |
-6.5% |
-4.1% |
-6.5% |
|
Oro (US$/oz) |
1,834.3 |
4.3% |
6.9% |
0.0% |
0.0% |
|
Cobre (US$/lb) |
464.2 |
9.6% |
95.5% |
5.1% |
82.9% |
|
Cuota AFP, UF (jun1981=1) |
19.6 |
0.0% |
4.2% |
-3.6% |
11.7% |
|
Cuota AFP, US$/CPI (mar2000=100) |
235.8 |
0.6% |
19.4% |
-3.6% |
11.7% |
|
S&P 500 (*) |
184.3 |
0.8% |
36.3% |
-3.3% |
27.5% |
|
Todos los mercados |
128.1 |
-1.9% |
29.7% |
-5.9% |
21.4% |
|
BRIC (Brasil- Rusia- India- China) |
190.3 |
-3.8% |
26.2% |
-7.7% |
18.1% |
|
Chile |
109.1 |
-0.2% |
31.2% |
-4.3% |
22.7% |
|
Mercados Emergentes |
165.9 |
-4.1% |
33.4% |
-8.0% |
24.8% |
|
Mercados Desarrollados |
129.5 |
-1.6% |
29.3% |
-5.6% |
20.9% |
|
Fuente: CENDA en base MSCI, BC, Cochilco, Bloomberg |
actualizado: |
may. 14, 2021 |
|||
|
(*) la variación mensual compara, los precios del día, con el último día del mes precedente, a excepción de S&P500, donde se compara con el promedio del mes precedente. |
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Autor: Manuel Riesco
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