Tuesday, 10 March, 2020
Desde la Patagonia
Desde el 18 de octubre de 2019, Chile, como dice un amigo, “corrió el cerco”. Muchas cosas que antes se daban por sentadas y aseguradas hoy están tambaleando. Y ante esto, como cristianos, no nos queda otra opción que plantearnos en medio de este tremendo e inédito terremoto social ¿cuál es nuestro rol, aporte y participación?
Quizás una de las dimensiones que más podemos relevar desde nuestra fe y práctica comunitaria es el “servicio” fraterno y solidario, que en el mundo social y político lo podríamos extrapolar como “servicio público”.
Para un cristiano el servicio es una entrega total, sin expectativas, de disponibilidad al otro sin condiciones; en una verdadera actitud solidaria que no espera recompensa en los diversos ámbitos pastorales y sociales en que la Iglesia nos necesita para desarrollar su misión. Llevar esa actitud al mundo social, en todas sus dimensiones, desde quienes participan en una junta de vecinos hasta la alta política profesional que tiene grandes responsabilidades de “servicio público”, podría realmente hacer una diferencia radical; ya que hemos visto, no pocas veces, que quienes se desenvuelven en este espacio caen más en la tentación de “servirse” en vez de servir desinteresadamente. Incluso, enriquecerse indolentemente sobre aquellos que son sus mandatarios y a quienes deben su posición.
Junto al “servicio” y en especial el “servicio público” es deseable unir, como un elemento clave, la aspiración de “dignidad”, de “pueblo digno” que hemos visto surgir con fuerza este último tiempo en todo Chile desde la legítima protesta social en la frase grabada a fuego: “Hasta que la dignidad se haga costumbre”.
En nuestras comunidades y en el ámbito social entender el “servicio” y el “servicio público” como una forma de dignificar la vida de las personas revoluciona las relaciones y libera de tentaciones a quienes deben ejercer facultades que afectan a millones de seres humanos. Desde el Presidente de la República hasta el último funcionario estatal, conscientes de su misión, enfrentados a su labor directamente relacionada con la vida de cada ciudadano deberían tener presente estas dos luces realmente humanas y evangélicas —servicio y dignidad— en cada una de las decisiones y acciones que emprendan, y preguntarse: ¿estoy realmente sirviendo de corazón y tratando con dignidad a las personas en el ámbito de la salud, la educación, la vivienda, el transporte, el medioambiente, etc.?
Evidentemente, en el escenario actual y la más que probable redacción de una nueva Constitución —como cristianos— quisiéramos ver tomados en cuenta estos dos valores, y tantos otros que nacen de la fe y amor de Jesús por la humanidad, lo cual sin duda nos interpela, como lo han hecho ya nuestros pastores, a participar en todas las instancias, no restarnos y compartir humildemente lo que nuestro camino de conversión y fe nos inspira en la construcción de un nuevo pacto social para Chile.
En el Chile de hoy, y su Iglesia de Aysén en la Patagonia, resurgen con fuerzas las palabras del obispo argentino Enrique Angelelli: “con un oído en el evangelio (que inspira) y el otro en el pueblo (demandas, carencias, necesidades, etc.); y las que el Papa Francisco dirigiéndose a las autoridades gubernamentales en visita a Panamá en febrero de 2019, donde recalcó que: “el servicio público es sinónimo de honestidad y justicia y no de corrupción”. Y así mismo Francisco agregó que: “la política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas puede convertirse verdaderamente en una forma eminente del amor” (Mensaje 52° Jornada Mundial de la Paz).
Autor: Vicariato Aysén
Como una forma de hacer sostenible este medio de comunicación y con la convicción de que el periodismo independiente y sin censura es necesario para Chile y la región, es que queremos contar con tu apoyo económico, con el fin de mantener TehuelcheNoticias.cl.