{"id":5799,"date":"2020-05-21T14:27:00","date_gmt":"2020-05-21T14:27:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tehuelchenoticias.cl\/nuevo_sitio\/?p=5799"},"modified":"2021-08-17T21:32:26","modified_gmt":"2021-08-18T00:32:26","slug":"columna-atilio-boron-volver-a-la-normalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tehuelchenoticias.cl\/nuevo_sitio\/2020\/05\/21\/columna-atilio-boron-volver-a-la-normalidad\/","title":{"rendered":"Columna Atilio Boron: \u00bfVolver a la normalidad?"},"content":{"rendered":"<p>\u00ab<\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\">La cruel pandemia que azota a la humanidad ha despertado reacciones de todo tipo. Unos pocos la ven como la cruel pero fecunda epifan&iacute;a de un mundo mejor y m&aacute;s venturoso que brotar&aacute; como remate inexorable de la generalizada destrucci&oacute;n desatada por el coronavirus. Si Edouard Bernstein cre&iacute;a que el solo despliegue de las contradicciones econ&oacute;micas ineluctablemente rematar&iacute;a en el capitalismo, sus actuales (e inconscientes) herederos apuestan a que el virus obrar&aacute; el milagro de abolir el sistema social vigente y reemplazarlo por otro mejor&nbsp; El trasfondo religioso o mesi&aacute;nico de esta creencia salta a la vista y nos exime de mayores an&aacute;lisis. Otros la perciben como una cat&aacute;strofe que clausura un per&iacute;odo hist&oacute;rico y coloca a la humanidad ante un inexorable dilema cuyo resultado es incierto. Quienes &nbsp;abrevan en este argumento est&aacute;n lejos de ser un conjunto homog&eacute;neo pues difieren en dos temas centrales: la causalidad, o la g&eacute;nesis de la pandemia, y el mundo que se perfila a su salida. En relaci&oacute;n a lo primero hay quienes adjudican la responsabilidad de su aparici&oacute;n a una entelequia: &ldquo;el hombre&rdquo;, como los ecologistas ingenuos que dicen que aqu&eacute;l -entendido en un sentido gen&eacute;rico, como ser humano- es quien con su actividad destruye la naturaleza y entonces el Covid-19 habr&iacute;a tambi&eacute;n sido causado por &ldquo;el hombre.&rdquo; Pero la verdad es que no es &eacute;ste sino un sistema, el capitalismo, quien destruye naturaleza y sociedades como lo demuestra el pensamiento marxista e, inclusive, aquellos que sin adherir a &eacute;l son analistas rigurosos de la realidad, como Karl Polanyi. Sistema que con sus pol&iacute;ticas privatizadoras y de &ldquo;austeridad&rdquo; (para los pobres, m&aacute;s no para los ricos) hizo posible la gran expansi&oacute;n de la pandemia.<\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\">Pruebas al canto: el Covid-19 &nbsp;desnud&oacute; la responsabilidad de las clases dominantes del capitalismo y sus gobiernos, comenzando por el de Estados Unidos y sus &ldquo;vasallos&rdquo; en&nbsp; el resto del mundo. Cuando se compara el n&uacute;mero de muertes ocurridas en los pa&iacute;ses con gobiernos capitalistas con los que se registran en estados socialistas, como China, Vietnam, Cuba, Venezuela, los resultados son espeluznantes. En China los muertos por mill&oacute;n de habitantes son 3; en Vietnam hasta el 18 de mayo no hab&iacute;a muerto nadie a causa del virus, y eso que tiene una poblaci&oacute;n de 96 millones de personas; Cuba, con poco m&aacute;s de 11 millones tiene una tasa de muertos por mill&oacute;n igual a 7 y en la Rep&uacute;blica Bolivariana de Venezuela esta ratio es de 0,4. En Argentina, con un gobierno acosado por el sicariato medi&aacute;tico y la gran burgues&iacute;a el n&uacute;mero es 9, pero se triplica cuando se observa al &ldquo;oasis neoliberal&rdquo; de Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era, con una ratio de 27 muertos por mill&oacute;n de habitantes. M&eacute;xico, cuyo gobierno al principio cometi&oacute; el error de subestimar al coronavirus est&aacute; con 44 decesos por mill&oacute;n, por encima del promedio mundial que es 41,8. Pero luego viene el esc&aacute;ndalo: Ecuador, donde manda el m&aacute;s rastrero lamebotas de Donald Trump, se lleva todas las f&uacute;nebres palmas de Nuestra Am&eacute;rica con &nbsp;161 muertos por mill&oacute;n de habitantes, 54 veces m&aacute;s que China y 23 m&aacute;s que en Cuba. Suiza, la elegante guarida fiscal europea, registra una obscena ratio de 219 muertos por mill&oacute;n y Estados Unidos 283 por mill&oacute;n, o sea, 95 veces m&aacute;s que China y unas 40 veces mayor que la agredida y bloqueada Cuba. No les va &nbsp;mejor a la rica B&eacute;lgica, campeona mundial con un escandaloso r&eacute;cord de 790 muertos por mill&oacute;n de habitantes y a quienes le siguen en el podio: Espa&ntilde;a con 594, Italia con 532 y el Reino Unido con 521.<\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\">&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\">Conclusi&oacute;n: los gobiernos que apostaron a la &ldquo;magia de los mercados&rdquo; para atender los problemas de salud de su poblaci&oacute;n exhiben &iacute;ndices de mortalidad por mill&oacute;n de habitantes inmensamente superiores a los de los estados socialistas que conciben a la salud como un inalienable derecho humano. Esto se comprueba a&uacute;n en pa&iacute;ses como Cuba y Venezuela pese a padecer m&uacute;ltiples sanciones econ&oacute;micas y los rigores del criminal bloqueo impuesto por Washington. En las ant&iacute;podas se encuentra Brasil que con sus 18.130 muertos ocupa el sexto lugar en la luctuosa estad&iacute;stica de v&iacute;ctimas del coronavirus y con sus 85 muertos por mill&oacute;n de habitantes registra una incidencia 12 veces mayor que Cuba y 28 mayor que China. A su vez Chile, paradigma neoliberal por excelencia, tiene una tasa 9 veces mayor que la de China y casi cuatro veces superior a la de la acosada isla caribe&ntilde;a. P&aacute;rrafo aparte merece el Uruguay, que gracias a los quince a&ntilde;os de activismo estatal de los gobiernos frenteamplistas, en los cuales la inversi&oacute;n en salud p&uacute;blica fue prioritaria, registra una tasa de 6 muertos por mill&oacute;n de habitantes. Es de esperar que su actual presidente, &nbsp;Luis Lacalle Pou, confeso admirador de Jair Bolsonaro y Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era, tome nota de esta lecci&oacute;n y se abstenga de aplicar sus letales fantas&iacute;as neoliberales al sistema de salud p&uacute;blico del Uruguay.<\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\"><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\">Esta dis&iacute;mil respuesta ofrecida por los estados capitalistas y socialistas (m&aacute;s all&aacute; de algunas necesarias precisiones sobre esta caracterizaci&oacute;n, que deber&iacute;an ser objeto de otro trabajo) es suficiente para fundamentar la necesidad de que el nuevo mundo que se asomar&aacute; una vez concluida la pesadilla del Covid-19 se caracterice por la presencia de rasgos definitivamente no-capitalistas. Es decir, un ordenamiento socioecon&oacute;mico y pol&iacute;tico que revierta el desvar&iacute;o dominante durante cuatro d&eacute;cadas cuando al impulso de la traicionera melod&iacute;a neoliberal casi todos los gobiernos del mundo se apresuraron a seguir las directivas emanadas de la Casa Blanca y privatizar y mercantilizar todo lo que fuera privatizable o mercantilizable, a&uacute;n a costa de violar derechos humanos, la dignidad de las personas y los derechos de la Madre Tierra. Un mundo que, siguiendo algunos razonamientos de Salvador Allende, podr&iacute;a ser caracterizado como &ldquo;protosocialista&rdquo;; es decir, como una &nbsp;imprescindible fase previa para viabilizar la transici&oacute;n hacia el socialismo. Este per&iacute;odo es requerido para robustecer al estado democr&aacute;tico; introducir r&iacute;gidas limitaciones al &ldquo;killing instinct&rdquo; de los mercados y su descontrolada actividad, especialmente de su fracci&oacute;n financiera; la nacionalizaci&oacute;n y\/o estatizaci&oacute;n de las riquezas b&aacute;sicas de nuestros pa&iacute;ses; la estatizaci&oacute;n del comercio exterior y los servicios p&uacute;blicos; la desmercantilizaci&oacute;n de la salud y los medicamentos; y una agresiva pol&iacute;tica de redistribuci&oacute;n de la riqueza que supone una profunda reforma tributaria y una muy activa pol&iacute;tica social de eliminaci&oacute;n del flagelo de la pobreza. Habida cuenta del tendal de v&iacute;ctimas que ha dejado el Covid-19 (que est&aacute; lejos de haber llegado a su pico) ser&iacute;a una monumental insensatez intentar &ldquo;volver a la normalidad&rdquo;. S&oacute;lo esp&iacute;ritus pervertidos por un insaciable af&aacute;n de lucro pueden pretender reincidir en sus cr&iacute;menes y volver a sacrificar a millones de personas y a la propia naturaleza en el altar de la ganancia, &nbsp;considerando a tales cr&iacute;menes como una &ldquo;normalidad&rdquo; que no puede ni debe ser puesta en cuesti&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo pensar que un holocausto social y ecol&oacute;gico como el que produjo el capitalismo, potenciado hiperb&oacute;licamente por la pandemia, &nbsp;pueda ahora ser concebido como algo &ldquo;normal&rdquo;, como una situaci&oacute;n beneficiosa a la cual deber&iacute;amos retornar sin mayor demora? Una &ldquo;normalidad&rdquo; como esa debe ser definitivamente desterrada como opci&oacute;n civilizatoria. Solo podr&iacute;a ser impuesta por una recomposici&oacute;n neofascista del capitalismo, poco probable ante el desprestigio y la deslegitimaci&oacute;n que &eacute;ste ha sufrido en tiempos recientes y la acumulaci&oacute;n de fuerzas sociales alineadas en contra de los verdugos del pasado. Claro que la historia no est&aacute; cerrada pero estoy seguro, volviendo a las palabras de Salvador Allende, que luego de la pandemia &ldquo;se abrir&aacute;n las grandes alamedas para que pasen hombres y mujeres para construir una sociedad mejor.&rdquo;<\/p>\n<p class=\"\"MsoNormal\"\" style=\"\"text-align: justify;\"\">&nbsp;<\/p>\n<p>\u00ab<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab La cruel pandemia que azota a la humanidad ha despertado reacciones de todo tipo. Unos pocos la ven como la cruel pero fecunda epifan&iacute;a de un mundo mejor y m&aacute;s venturoso que brotar&aacute; como remate inexorable de la generalizada destrucci&oacute;n desatada por el coronavirus. 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