{"id":43748,"date":"2026-04-25T18:09:01","date_gmt":"2026-04-25T22:09:01","guid":{"rendered":"https:\/\/tehuelchenoticias.cl\/nuevo_sitio\/?p=43748"},"modified":"2026-04-25T18:09:05","modified_gmt":"2026-04-25T22:09:05","slug":"escuelas-protegidas-o-estudiantes-sospechosos-educar-o-castigar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tehuelchenoticias.cl\/nuevo_sitio\/2026\/04\/25\/escuelas-protegidas-o-estudiantes-sospechosos-educar-o-castigar\/","title":{"rendered":"Escuelas protegidas o estudiantes sospechosos: \u00bfEducar o castigar"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La delgada l\u00ednea entre la convivencia escolar y la criminalizaci\u00f3n temprana en el Chile contempor\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Miguel \u00c1ngel Rojas Pizarro:.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Psic\u00f3logo Educacional &#8211; Profesor de Historia &#8211; Psicopedagogo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"mailto:Psmiguel.rojas@hotmail.com\"><strong>Psmiguel.rojas@hotmail.com<\/strong><\/a><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las salas de clases hoy no solo se ense\u00f1a matem\u00e1tica o lenguaje. Tambi\u00e9n se contienen emociones, se gestionan conflictos y, muchas veces, se sostienen historias de vida complejas que no siempre alcanzamos a dimensionar. Por eso, cuando aparece en el debate p\u00fablico el proyecto de \u201cescuelas protegidas\u201d, impulsado por el sector pol\u00edtico que no conoce y que nunca conocer\u00e1 el sistema p\u00fablico, la discusi\u00f3n no puede ser solo t\u00e9cnica, sino que tambi\u00e9n con coraz\u00f3n y humanidad. &nbsp;Porque la pregunta de fondo no es solo c\u00f3mo enfrentamos la violencia escolar. La pregunta es otra: \u00bfc\u00f3mo estamos mirando a nuestros estudiantes?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace a\u00f1os, Manuel Rojas, en su novela Hijo de ladr\u00f3n (1951), nos mostr\u00f3 a un personaje que no encajaba, que se mov\u00eda en los m\u00e1rgenes, que parec\u00eda siempre estar en falta. Pero a medida que uno avanza en la lectura, se da cuenta de algo inc\u00f3modo: ese joven \u201cAniceto Hevia protagonista de la novela\u201d no naci\u00f3 siendo \u201cproblema\u201d. Fue, m\u00e1s bien, alguien que nunca encontr\u00f3 un lugar donde ser contenido. Y ah\u00ed es donde la literatura empieza a hablarle directamente a la escuela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy vivimos una realidad que nadie puede negar: hay violencia, hay desgaste docente, hay equipos que est\u00e1n cansados. Hay profesores que llegan a la sala con vocaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n con miedo. &nbsp;Pero tambi\u00e9n es cierto que, en medio de esa tensi\u00f3n, corremos el riesgo de empezar a mirar a ciertos estudiantes no como personas en formaci\u00f3n, sino como amenazas latentes que hay que controlar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque cuando una escuela comienza a organizarse desde el miedo, deja de preguntarse por el \u201cpor qu\u00e9\u201d de las conductas y empieza a reaccionar solo al \u201cqu\u00e9 hacer con ellas de forma punitiva\u201d. Se pierde la historia, se pierde el contexto, se pierde la posibilidad de educar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aqu\u00ed es donde el pensamiento del reconocido pedagogo brasile\u00f1o Paulo Freire (1921 \u2013 1997) vuelve a tener sentido. Freire dec\u00eda algo simple pero profundo: nadie educa a nadie solo, nos educamos en relaci\u00f3n. Y eso implica reconocer al otro como un sujeto, no como un problema a resolver. Cuando esa relaci\u00f3n se rompe, la norma deja de ser gu\u00eda y se transforma en imposici\u00f3n. Y todos sabemos lo que pasa con las imposiciones: generan resistencia, distancia, conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde la psicolog\u00eda educacional, sabemos que muchos de los estudiantes que hoy nos desaf\u00edan sobre todo menores de 14 a\u00f1os no lo hacen desde una l\u00f3gica adulta. No est\u00e1n tomando decisiones con la misma capacidad de anticipar consecuencias que un adulto. No tienen, todav\u00eda, completamente desarrollado el control de impulsos, la regulaci\u00f3n emocional ni la toma de decisiones complejas. Autores como Jean Piaget ya lo planteaban, y hoy la neurociencia lo confirma: est\u00e1n en pleno proceso de construcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La adolescencia no es un d\u00e9ficit, es un proceso. Aunque coloquialmente se asocie con la idea de \u201cadolecer\u201d, la palabra adolescente proviene del lat\u00edn adolecer\u00e9: Crecer, desarrollarse, avanzar hacia la madurez. Desde la Psicolog\u00eda del desarrollo como bien lo plantea Erik Erikson esta etapa est\u00e1 marcada por la construcci\u00f3n de la identidad, un proceso inevitablemente inestable, contradictorio y, muchas veces, torpe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso, reducir la conducta adolescente a \u201cmal comportamiento y criminalizarlo\u201d es un error profundo: no estamos frente a adultos fallidos, sino frente a sujetos en formaci\u00f3n, cuyos impulsos, decisiones y conflictos son parte de un cerebro y una subjetividad que a\u00fan se est\u00e1n configurando. En ese sentido, la tarea educativa no es castigar la inmadurez, sino comprenderla, acompa\u00f1arla y orientarla; porque educar no es corregir desviaciones, sino sostener procesos humanos en construcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo anterior no significa justificar la violencia. No significa mirar para el lado. No significa dejar solos a los docentes. Todo lo contrario. Significa intervenir mejor, significa entender que detr\u00e1s de muchas conductas disruptivas hay frustraci\u00f3n, hay dolor, hay historias que no siempre caben en un libro de clases. Significa que sancionar puede ser necesario, pero nunca suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Chile hemos avanzado al menos en el discurso hacia una educaci\u00f3n m\u00e1s inclusiva, m\u00e1s comprensiva, m\u00e1s consciente de las trayectorias de vida. Pero hoy estamos en una encrucijada: \u00bfprofundizamos ese camino o retrocedemos hacia una escuela m\u00e1s dura, m\u00e1s controladora, m\u00e1s distante?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tampoco es blanco o negro. Una escuela necesita normas. Necesita l\u00edmites y disciplina. Necesita proteger a su comunidad. Pero tambi\u00e9n necesita algo que no se puede decretar por ley: Dignidad y confianza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed es necesario decirlo con claridad: este tipo de proyectos, cuando se dise\u00f1an sin empat\u00eda con la realidad social de nuestros estudiantes, terminan siendo respuestas incompletas, incluso equivocadas. Porque no basta con endurecer normas si no somos capaces de comprender las trayectorias de vida que hay detr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quienes defienden este tipo de proyectos suelen sostener una idea aparentemente simple y seductora: que la violencia escolar se combate endureciendo las condiciones de ingreso y permanencia en la escuela. En esa l\u00f3gica, proliferan propuestas como la instalaci\u00f3n de p\u00f3rticos detectores de metales, el aumento de controles y la aplicaci\u00f3n de sanciones m\u00e1s severas, incluso de car\u00e1cter permanente con las becas del estado. Bajo este enfoque, la escuela deja de ser un espacio formativo para transformarse progresivamente en un dispositivo de vigilancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema de esta mirada no radica \u00fanicamente en su dureza, sino en su simplificaci\u00f3n del fen\u00f3meno. Asume que la conducta violenta es una decisi\u00f3n individual aislada, desvinculada del contexto social, familiar y emocional del estudiante. Sin embargo, la evidencia en ciencias sociales y educaci\u00f3n muestra lo contrario: la violencia escolar no es un hecho espont\u00e1neo, sino un s\u00edntoma de trayectorias marcadas por desigualdad, exclusi\u00f3n y, muchas veces, abandono institucional (Bourdieu &amp; Passeron, 1990; Dubet, 2005).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando se propone \u201ccriminalizar de por vida\u201d a un estudiante por haber manifestado sus emociones de forma inadecuada, se comete un error profundo: se interpreta la conducta como identidad. Se fija al sujeto en el momento de su peor expresi\u00f3n, sin considerar que especialmente en la infancia y adolescencia las conductas son din\u00e1micas, transitorias y moldeables. Desde la psicolog\u00eda del desarrollo, esto resulta particularmente problem\u00e1tico, ya que desconoce la plasticidad del proceso formativo y la capacidad de cambio que caracteriza a estas etapas vitales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay otro elemento la distancia social desde la cual se construyen estas propuestas. No es menor observar que muchos de quienes impulsan este tipo de medidas no han experimentado ni experimentar\u00e1n las condiciones del sistema educativo p\u00fablico. Sus hijos estudian en colegios privados, con altos niveles de contenci\u00f3n, recursos, baja vulnerabilidad y redes de apoyo consolidadas. Es decir, habitan una realidad completamente distinta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde esa posici\u00f3n, legislar sobre la violencia escolar y lo p\u00fablico puede transformarse en un ejercicio abstracto, desprovisto de la complejidad que viven d\u00eda a d\u00eda miles de estudiantes en Chile. J\u00f3venes que, en muchos casos, no son violentos por elecci\u00f3n, sino por supervivencia. Porque han aprendido que el conflicto es la \u00fanica forma de hacerse visibles, de defenderse o de existir en contextos donde las instituciones han fallado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta tensi\u00f3n ha sido ampliamente abordada por la sociolog\u00eda cr\u00edtica. Pierre Bourdieu ya advert\u00eda que el sistema educativo tiende a reproducir desigualdades bajo la apariencia de neutralidad, castigando a quienes no poseen el capital cultural dominante (Bourdieu &amp; Passeron, 1990). En la misma l\u00ednea, Fran\u00e7ois Dubet se\u00f1ala que la escuela moderna enfrenta una crisis de sentido cuando deja de ser un espacio de integraci\u00f3n y se convierte en un mecanismo de selecci\u00f3n y exclusi\u00f3n (Dubet, 2005).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el debate educativo quiere salir de la trampa entre castigo y permisividad, entonces es necesario avanzar hacia soluciones que no solo reaccionen al conflicto, sino que lo comprendan y lo transformen. La evidencia acumulada en el campo de la psicolog\u00eda educacional y las orientaciones del propio Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile coinciden en un punto clave: la convivencia escolar no se resuelve endureciendo normas, sino fortaleciendo capacidades institucionales (Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile, 2015; 2023).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En primer lugar, resulta imprescindible fortalecer los equipos psicosociales al interior de los establecimientos educacionales. No como un complemento, sino como un eje estructural del sistema educativo. Hoy, en muchos contextos escolares especialmente en sectores de alta vulnerabilidad, los equipos son insuficientes para abordar la complejidad de las trayectorias estudiantiles. La literatura es clara en se\u00f1alar que la intervenci\u00f3n oportuna en salud mental escolar no solo mejora la convivencia, sino tambi\u00e9n los aprendizajes y la permanencia en el sistema (Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile, 2023). Contar con psic\u00f3logo\/a, trabajadores sociales y duplas psicosociales con tiempo protegido y funciones claras no es un lujo: es una condici\u00f3n m\u00ednima para una escuela del siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En segundo lugar, se vuelve urgente avanzar en una formaci\u00f3n docente sistem\u00e1tica en regulaci\u00f3n emocional, manejo de aula y resoluci\u00f3n de conflictos. Durante d\u00e9cadas, el sistema form\u00f3 profesores expertos en contenidos, pero con escasas herramientas para enfrentar escenarios de alta complejidad emocional. Hoy sabemos que ense\u00f1ar implica tambi\u00e9n contener, mediar y vincular. La evidencia internacional y nacional muestra que docentes capacitados en habilidades socioemocionales no solo reducen la conflictividad, sino que generan climas de aula m\u00e1s seguros y propicios para el aprendizaje (Jennings &amp; Greenberg, 2009; Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile, 2023). En este sentido, no basta con exigir m\u00e1s a los profesores: es necesario acompa\u00f1arlos, formarlos y cuidarlos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En tercer lugar, es fundamental consolidar pol\u00edticas de convivencia escolar coherentes, preventivas y con sentido formativo, superando la l\u00f3gica reactiva que muchas veces predomina. La Pol\u00edtica Nacional de Convivencia Escolar establece con claridad que el foco debe estar en la promoci\u00f3n del buen trato, la participaci\u00f3n y la construcci\u00f3n de comunidades educativas inclusivas (Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile, 2015). Esto implica transitar desde reglamentos centrados en la sanci\u00f3n hacia marcos normativos que integren pr\u00e1cticas restaurativas, mediaci\u00f3n escolar y estrategias de intervenci\u00f3n temprana. La convivencia no puede seguir siendo entendida como un problema disciplinario; debe asumirse como un proceso pedag\u00f3gico en s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas tres l\u00edneas de acci\u00f3n equipos psicosociales fortalecidos, formaci\u00f3n docente en regulaci\u00f3n emocional y pol\u00edticas de convivencia con enfoque preventivo no son ideas abstractas ni voluntaristas. Son condiciones concretas, viables y respaldadas por evidencia, que permiten avanzar hacia una escuela que no solo controle, sino que forme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando las orientaciones no tienen alma: el riesgo de una pol\u00edtica educativa desconectada al sistema educativo hemos avanzado en la producci\u00f3n de marcos normativos, orientaciones t\u00e9cnicas y documentos de apoyo que, en el papel, parecen responder a los desaf\u00edos de la convivencia escolar. Cada a\u00f1o se promueven jornadas como el \u201cD\u00eda de la Convivencia Escolar\u201d, se elaboran gu\u00edas pr\u00e1cticas de seguridad y se difunden protocolos que buscan ordenar la vida en las comunidades educativas. Sin embargo, cabe preguntarse con honestidad: \u00bfqu\u00e9 ocurre cuando estos instrumentos se transforman en meros actos administrativos, escritos para cumplir, pero desconectados de la experiencia real de quienes habitan la escuela?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema no es la existencia de orientaciones. El problema es cuando estas pierden sentido pedag\u00f3gico y humano, cuando sus palabras no logran traducirse en pr\u00e1cticas significativas. Una pol\u00edtica sin apropiaci\u00f3n es una pol\u00edtica vac\u00eda. Y en educaci\u00f3n, lo vac\u00edo no solo es ineficaz: puede ser profundamente da\u00f1ino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No basta con declarar la importancia de la convivencia si no se construyen las condiciones para que esta sea vivida. No basta con redactar gu\u00edas de seguridad si quienes deben implementarlas se encuentran sobrecargados, agotados o emocionalmente desbordados. En ese escenario, las orientaciones se transforman en documentos que se archivan, se firman o se socializan superficialmente, pero que no logran incidir en la cultura escolar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto se vuelve a\u00fan m\u00e1s cr\u00edtico cuando las pol\u00edticas educativas no son construidas con los protagonistas del sistema. Profesores y asistentes de la educaci\u00f3n no pueden seguir siendo considerados \u00fanicamente como ejecutores de lineamientos dise\u00f1ados desde niveles centrales o desde un parlamento qu\u00e9 vive en una burbuja social. Son ellos quienes sostienen cotidianamente la escuela, quienes enfrentan el conflicto, quienes contienen emocionalmente a los estudiantes y quienes, muchas veces, absorben el impacto de pol\u00edticas que no dialogan con la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando las leyes y orientaciones no incorporan esa experiencia, se genera una brecha peligrosa entre dise\u00f1o e implementaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La literatura en pol\u00edticas educativas ha mostrado reiteradamente que las reformas fracasan no por falta de intenci\u00f3n, sino por ausencia de participaci\u00f3n y sentido compartido (Fullan, 2007). Dicho de otro modo: no se puede transformar la escuela sin escuchar a quienes la habitan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A esto se suma un elemento que rara vez ocupa el centro del debate: la salud mental de los trabajadores de la educaci\u00f3n. En Chile, m\u00faltiples informes han evidenciado altos niveles de estr\u00e9s, burnout y desgaste profesional docente, asociados a sobrecarga laboral, condiciones de trabajo complejas y falta de apoyo institucional (Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile, 2023). No es casualidad que una proporci\u00f3n significativa de profesores abandone la profesi\u00f3n dentro de los primeros a\u00f1os de ejercicio, ni que las licencias m\u00e9dicas por causas asociadas a salud mental hayan aumentado sostenidamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pretender abordar la convivencia escolar sin hacerse cargo de este fen\u00f3meno es, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, irresponsable. Una escuela no puede ser un espacio de contenci\u00f3n para los estudiantes si quienes la sostienen est\u00e1n desbordados. No puede promover el bienestar si no cuida a sus propios trabajadores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso, el desaf\u00edo no es producir m\u00e1s documentos, sino dotarlos de sentido. No es multiplicar orientaciones, sino construirlas colectivamente. No es reforzar el castigo, sino equilibrarlo con formaci\u00f3n, cuidado y v\u00ednculo. Porque una pol\u00edtica educativa sin alma puede ordenar el papel. Pero nunca va a transformar la escuela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final, la historia de Aniceto Hevia en Hijo de ladr\u00f3n no es solo literatura: es un espejo de nuestra sociedad actual. No estamos frente a un joven que eligi\u00f3 la marginalidad por voluntad, sino frente a alguien que fue empujado a \u00e9l por condiciones que lo exced\u00edan, por una estructura que nunca lo contuvo y que, en cambio, lo fue moldeando para sobrevivir m\u00e1s que para vivir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aniceto no es el problema: es el resultado. Y ah\u00ed radica la tensi\u00f3n que hoy atraviesa a nuestras escuelas. Porque cuando el sistema falla en acoger, en comprender y en educar, lo que aparece no es solo conflicto, sino trayectorias que se endurecen para resistir. La pregunta, entonces, ya no es solo qu\u00e9 hacemos con quienes manifiestan la violencia, sino algo mucho m\u00e1s profundo y urgente: <strong>\u00bfqueremos seguir formando Anicetos que aprendan a sobrevivir en la exclusi\u00f3n, o estamos dispuestos, de una vez por todas, a construir una escuela y una sociedad donde no tengan que hacerlo?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Jennings, P. A., &amp; Greenberg, M. T. (2009). The prosocial classroom: Teacher social and emotional competence in relation to student and classroom outcomes. Review of Educational Research, 79(1), 491\u2013525.<\/li>\n\n\n\n<li>Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile. (2015). Pol\u00edtica nacional de convivencia escolar. MINEDUC.<\/li>\n\n\n\n<li>Ministerio de Educaci\u00f3n de Chile. (2023). Orientaciones para la gesti\u00f3n de la convivencia educativa. MINEDUC.<\/li>\n\n\n\n<li>Bourdieu, P., &amp; Passeron, J.-C. (1990). La reproducci\u00f3n: Elementos para una teor\u00eda del sistema de ense\u00f1anza. Laia.<\/li>\n\n\n\n<li>Dubet, F. (2005). La escuela de las oportunidades: \u00bfQu\u00e9 es una escuela justa? Gedisa.<\/li>\n\n\n\n<li>American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). APA Publishing.<\/li>\n\n\n\n<li>Erikson, E. H. (1968). Identity: Youth and crisis. W. W. Norton &amp; Company.<\/li>\n\n\n\n<li>Freire, P. (1970). Pedagog\u00eda del oprimido. Siglo XXI Editores.<\/li>\n\n\n\n<li>Piaget, J. (1972). The psychology of the child. Basic Books.<\/li>\n\n\n\n<li>Fullan, M. (2007). The new meaning of educational change (4th ed.). Teachers College Press.<\/li>\n\n\n\n<li>Organizaci\u00f3n para la Cooperaci\u00f3n y el Desarrollo Econ\u00f3micos (OCDE). (2019). TALIS 2018 Results (Volume I): Teachers and School Leaders as Lifelong Learners. OECD Publishing.<\/li>\n\n\n\n<li>Rojas, M. (1951) Hijo de Ladr\u00f3n. Editorial Nascimento.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La delgada l\u00ednea entre la convivencia escolar y la criminalizaci\u00f3n temprana en el Chile contempor\u00e1neo. Miguel \u00c1ngel Rojas Pizarro:. Psic\u00f3logo Educacional &#8211; Profesor de Historia &#8211; Psicopedagogo Psmiguel.rojas@hotmail.com En las salas de clases hoy no solo se ense\u00f1a matem\u00e1tica o lenguaje. 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