{"id":43285,"date":"2026-01-07T20:40:41","date_gmt":"2026-01-07T23:40:41","guid":{"rendered":"https:\/\/tehuelchenoticias.cl\/nuevo_sitio\/?p=43285"},"modified":"2026-01-07T20:40:43","modified_gmt":"2026-01-07T23:40:43","slug":"la-paes-y-el-castigo-de-sisifo-educacion-desigualdad-y-el-absurdo-chileno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tehuelchenoticias.cl\/nuevo_sitio\/2026\/01\/07\/la-paes-y-el-castigo-de-sisifo-educacion-desigualdad-y-el-absurdo-chileno\/","title":{"rendered":"La PAES y el castigo de S\u00edsifo: Educaci\u00f3n, desigualdad y el absurdo chileno"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Autor: Miguel Angel Rojas Pizarro<\/strong>. <strong>Psic\u00f3logo Educacional, Profesor de Historia, Psicopedagogo<\/strong>. <a href=\"mailto:Psmiguel.rojas@hotmail.com\"><strong>Psmiguel.rojas@hotmail.com<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada enero, Chile repite el mismo ritual. Se publican los resultados de la Prueba de Acceso a la Educaci\u00f3n Superior (PAES), los medios difunden rankings de colegios, y el debate p\u00fablico se reactiva con id\u00e9nticos argumentos: que la educaci\u00f3n p\u00fablica est\u00e1 en crisis, que los colegios privados \u201clo hacen mejor\u201d, que el m\u00e9rito explica los resultados. Sin embargo, a\u00f1o tras a\u00f1o, la evidencia confirma lo mismo: la brecha persiste, la segregaci\u00f3n se mantiene y el sistema educativo reproduce con notable eficiencia las desigualdades sociales de origen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema no es nuevo. Lo verdaderamente inquietante es que Chile sabe cu\u00e1l es la causa, pero insiste en discutir los efectos. En t\u00e9rminos filos\u00f3ficos, esta reiteraci\u00f3n infructuosa remite a lo que <strong>Albert Camus denomin\u00f3 <em>lo absurdo<\/em>: el choque entre el deseo humano de sentido y la obstinada irracionalidad del mundo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La PAES no mide talento puro ni inteligencia abstracta. Eval\u00faa, fundamentalmente, capital cultural acumulado: Dominio del lenguaje acad\u00e9mico, familiaridad con formatos evaluativos, entrenamiento previo y estabilidad emocional. Estos factores no se adquieren de manera homog\u00e9nea en la sociedad chilena. Por el contrario, est\u00e1n profundamente mediados por el nivel socioecon\u00f3mico, el tipo de establecimiento educacional y el capital cultural, geogr\u00e1fico comunal, familiar y social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que 99 de los 100 mejores colegios del ranking PAES 2025 sean particulares <strong>pagados no demuestra que esos establecimientos ense\u00f1en mejor<\/strong>. Demuestra, m\u00e1s bien, que concentran estudiantes que ya vienen mejor preparados por la estructura social. <strong>Confundir resultados con m\u00e9rito es una falacia que permite legitimar la desigualdad bajo un lenguaje aparentemente neutral y t\u00e9cnico.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este fen\u00f3meno no es accidental. Desde las reformas educacionales de la d\u00e9cada de 1980, Chile organiz\u00f3 su sistema escolar como un mercado educativo, basado en la competencia, la segregaci\u00f3n y la selecci\u00f3n. En ese contexto, la educaci\u00f3n p\u00fablica qued\u00f3 a cargo de la tarea m\u00e1s compleja: Educar en condiciones de vulnerabilidad estructural, conteniendo desigualdades que el sistema econ\u00f3mico produce y profundiza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La narrativa meritocr\u00e1tica cumple aqu\u00ed una funci\u00f3n ideol\u00f3gica central. Como advirti\u00f3 tempranamente Michael Young, quien acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino <em>meritocracia<\/em> en clave sat\u00edrica, una sociedad organizada exclusivamente en torno al m\u00e9rito no elimina las clases sociales, sino que las moraliza. Quienes triunfan se sienten plenamente merecedores; quienes fracasan, responsables de su propio destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el \u00e1mbito educativo, esta l\u00f3gica tiene consecuencias devastadoras. El bajo rendimiento deja de ser un problema social y se transforma en una falla individual. <strong>La desigualdad estructural se traduce en verg\u00fcenza personal. Como plantea Michael Sandel, en una sociedad meritocr\u00e1tica los ganadores desarrollan arrogancia y los perdedores internalizan la humillaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La PAES, en este marco, opera como un dispositivo de consagraci\u00f3n simb\u00f3lica: ordena, clasifica y jerarquiza trayectorias que ya estaban desigualmente condicionadas desde el inicio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>El mito de S\u00edsifo (1942)<\/em>, Camus describe la condena de empujar eternamente una roca cuesta arriba, solo para verla caer una y otra vez. El castigo no reside en el esfuerzo, sino en su inutilidad reiterada. La educaci\u00f3n chilena parece atrapada en una l\u00f3gica similar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada a\u00f1o se exige m\u00e1s a profesores, estudiantes y escuelas p\u00fablicas. Se introducen ajustes t\u00e9cnicos, nuevas pruebas, nuevos discursos. Pero la roca siempre vuelve a caer, porque la monta\u00f1a la estructura social y educativa permanece intacta. Seguimos discutiendo rankings, sin cuestionar la segregaci\u00f3n; debatimos resultados, sin intervenir el origen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo absurdo no es que existan brechas. Lo absurdo es persistir durante d\u00e9cadas en debates pol\u00edticos est\u00e9riles, sabiendo que el problema no es pedag\u00f3gico ni moral, sino estructural y estatal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Romper el castigo de S\u00edsifo exige un cambio de nivel. No se trata de empujar la roca con mayor esfuerzo, sino de terminar con la condena. Tratar la educaci\u00f3n como un problema de Estado implica abandonar la l\u00f3gica de mercado, reducir la segregaci\u00f3n escolar, invertir decididamente en primera infancia y evaluar el sistema por su capacidad de generar igualdad real, no por rankings que celebran privilegios heredados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras Chile siga confundiendo m\u00e9rito con punto de llegada y calidad con selecci\u00f3n social, la PAES seguir\u00e1 funcionando como un espejo cruel de la desigualdad. Y cada enero, como S\u00edsifo, volveremos a empujar la misma piedra, sorprendidos por su inevitable ca\u00edda<strong>. El verdadero absurdo no es el esfuerzo de quienes educan en condiciones adversas. El verdadero absurdo es que el Estado, con pleno conocimiento de causa, siga evitando cambiar la monta\u00f1a.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reconocer el car\u00e1cter absurdo del debate educativo no implica resignaci\u00f3n. En Albert Camus, la lucidez frente al absurdo es precisamente el punto de partida para una rebeli\u00f3n responsable. En educaci\u00f3n, esa rebeli\u00f3n no pasa por negar la evidencia de la PAES, sino por dejar de usarla como coartada ideol\u00f3gica y comenzar a tratar el problema como lo que es: una tarea estructural del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este escenario, Chile cuenta hoy con una ventana de oportunidad in\u00e9dita, que no debiera ser desperdiciada por maximalismos ni refundacionalismos mal entendidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los Servicios Locales de Educaci\u00f3n P\u00fablica (SLEP) no debieran limitarse a corregir las falencias de la municipalizaci\u00f3n. Su desaf\u00edo hist\u00f3rico es mayor: convertirse en verdaderos dispositivos de justicia educativa territorial. Esto implica: pasar de una l\u00f3gica de control administrativo a una de acompa\u00f1amiento pedag\u00f3gico profundo; invertir prioritariamente en primera infancia, trayectorias educativas continuas y apoyo socioemocional; evaluar el desempe\u00f1o de los establecimientos por valor agregado y progreso, no solo por resultados finales en pruebas estandarizadas; fortalecer proyectos educativos p\u00fablicos de excelencia sin selecci\u00f3n social. Si los SLEP replican la l\u00f3gica del mercado bajo administraci\u00f3n estatal, la roca seguir\u00e1 cayendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Chile no necesita m\u00e1s diagn\u00f3sticos ni nuevas disputas est\u00e9riles cada enero. Necesita una decisi\u00f3n pol\u00edtica madura: dejar de administrar el absurdo y comenzar a desmontarlo. La PAES seguir\u00e1 mostrando desigualdad mientras la educaci\u00f3n siga organizada como mercado. Pero si el Estado asume su rol estructural, si los SLEP se consolidan como garantes de justicia educativa y si el profesorado recupera su voz p\u00fablica, la condena de S\u00edsifo puede, finalmente, llegar a su fin.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, es necesario despejar una confusi\u00f3n recurrente en el debate educativo chileno: este no es, en lo sustantivo, un problema de falta de recursos. Existen escuelas y liceos p\u00fablicos que han recibido durante a\u00f1os financiamiento significativo a trav\u00e9s de subvenci\u00f3n escolar, SEP, programas ministeriales y proyectos especiales, sin que ello se traduzca necesariamente en mejoras sostenidas de aprendizaje o reducci\u00f3n de brechas. El nudo cr\u00edtico no est\u00e1 solo en cu\u00e1nto se invierte, sino en c\u00f3mo se concibe estrat\u00e9gicamente el uso del recurso. Sin una visi\u00f3n pedag\u00f3gica clara, sin prioridades bien definidas, sin articulaci\u00f3n entre inversi\u00f3n, proyecto educativo y trayectorias reales de los estudiantes, el financiamiento termina fragment\u00e1ndose en acciones aisladas, de bajo impacto estructural. Invertir sin direcci\u00f3n no rompe la desigualdad: solo la administra. El desaf\u00edo del Estado no es seguir inyectando recursos sin sentido estrat\u00e9gico, sino orientarlos deliberadamente hacia la justicia educativa, el fortalecimiento de capacidades pedag\u00f3gicas y la construcci\u00f3n de proyectos p\u00fablicos coherentes y sostenibles en el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>No se trata de negar la roca. Se trata, por primera vez en d\u00e9cadas, de atreverse a cambiar la monta\u00f1a.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Camus, A. (2013). <em>El mito de S\u00edsifo<\/em>. Madrid: Alianza. (Obra original publicada en 1942).<\/li>\n\n\n\n<li>Sandel, M. J. (2020). <em>La tiran\u00eda del m\u00e9rito: \u00bfQu\u00e9 ha sido del bien com\u00fan?<\/em> Barcelona: Debate.<\/li>\n\n\n\n<li>Young, M. (1958). <em>The rise of the meritocracy<\/em>. London: Thames &amp; Hudson.<\/li>\n\n\n\n<li>Rosas, R., &amp; Santa Cruz, C. (2013). <em>Dime en qu\u00e9 colegio estudiaste y te dir\u00e9 qu\u00e9 CI tienes: Radiograf\u00eda al desigual acceso al capital cognitivo en Chile<\/em>. Santiago de Chile.<\/li>\n\n\n\n<li>DEMRE. (2025). <em>Resultados Prueba de Acceso a la Educaci\u00f3n Superior (PAES)<\/em>. Universidad de Chile.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autor: Miguel Angel Rojas Pizarro. Psic\u00f3logo Educacional, Profesor de Historia, Psicopedagogo. Psmiguel.rojas@hotmail.com Cada enero, Chile repite el mismo ritual. 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